Feb
2024
Anatomía sexual femenina XI: cómo conectar con tu útero
by Sexologia Pamplona | in Anatomía Sexual | 0 comments
Dos ejercicios de conciencia corporal
El útero es un órgano que está dentro de ti cada día de tu vida —pero al que probablemente nunca le has prestado atención fuera de la regla o del embarazo—. Estos dos ejercicios te proponen algo sencillo y profundo a la vez: dirigir tu atención hacia él. Uno desde fuera, con tus manos sobre el abdomen. Otro desde dentro, explorando el cérvix con tu pareja.
Esta es la undécima entrega de la serie sobre anatomía sexual femenina. En el artículo anterior conocimos la anatomía del útero y su papel en la sexualidad. Ahora vamos a la práctica: dos formas de entrar en contacto consciente con este órgano que, aunque invisible, está más conectado con tu experiencia sexual y emocional de lo que imaginas.
¿Por qué conectar conscientemente con el útero?
Conectar conscientemente con el útero —dirigiendo hacia él la respiración, el tacto y la atención— activa las vías sensoriales que lo comunican con el cerebro, mejora su vascularización, reduce la tensión de la zona pélvica y amplía la conciencia interoceptiva del propio cuerpo. No es una práctica esotérica: es trabajo somático y de conciencia corporal con base fisiológica.
El útero es uno de los órganos con los que la mayoría de las mujeres mantienen una relación más distante. Llevar presencia a esa zona —algo que la terapia somática y la conciencia corporal conocen bien— hace que la zona empiece a “despertar”: cuando diriges tu atención a una parte del cuerpo habitualmente ignorada, esa zona se vuelve más presente, más sensible y más integrada en tu mapa corporal.
¿Cómo se hace el ejercicio de conexión externa con el útero?
El ejercicio de conexión externa con el útero consiste en colocar las manos calientes sobre el abdomen bajo, justo por encima del hueso púbico, y respirar de forma diafragmática dirigiendo el aire hacia esa zona durante 10-15 respiraciones; es una práctica individual de unos cinco minutos que puede hacerse a diario.
Este es un ejercicio íntimo y sencillo. No necesitas material, no necesitas pareja, no necesitas más de cinco minutos. Y sin embargo, practicado con regularidad, puede cambiar la relación que tienes con tu zona pélvica.
Cómo hacerlo
Túmbate cómodamente boca arriba —en la cama antes de dormir es un buen momento—. Frota las palmas de las manos una contra otra durante 15 o 20 segundos, hasta que sientas calor. Coloca ambas manos sobre el abdomen bajo, justo por encima del hueso púbico —donde se encuentra tu útero—.
Cierra los ojos. Siente cómo el calor de tus manos penetra suavemente a través de la piel hacia el interior de la pelvis. No tienes que “hacer” nada más que estar presente con esa sensación.
Ahora empieza a respirar dirigiendo el aire hacia la zona baja del abdomen. Inhala por la nariz, lenta y profundamente —siente cómo tu abdomen se expande bajo tus manos—. Exhala por la boca, suavemente —siente cómo el abdomen desciende, cómo la zona pélvica se relaja un poco más con cada exhalación—.
Repite 10-15 respiraciones. Si tu mente se va a otra parte, vuelve suavemente a las sensaciones de tus manos y de tu abdomen.
Lo que puedes notar
Calor que se extiende por la zona pélvica. Una sensación de pulsación suave. Relajación progresiva de la musculatura abdominal y del suelo pélvico. A veces, ruidos intestinales —señal de que el sistema nervioso parasimpático se está activando—. A veces, emociones inesperadas —ternura, melancolía, alivio—. Todo es válido.
Por qué funciona
No es magia —es fisiología—. El calor de las manos mejora la circulación local. La respiración diafragmática profunda activa el nervio vago y el sistema nervioso parasimpático, reduciendo la tensión muscular en toda la zona pélvica. Y la atención dirigida activa las vías sensoriales que conectan esa zona con el cerebro, aumentando la conciencia interoceptiva.
Muchas mujeres que practican este ejercicio durante unas semanas reportan cambios sutiles pero reales: reglas menos dolorosas, menos tensión en el bajo vientre, más presencia corporal durante el sexo, mayor facilidad para relajar el suelo pélvico.
¿Cómo explorar el cérvix en pareja paso a paso?
La exploración del cérvix en pareja consiste en que la pareja, tras una preparación corporal extensa y con lubricación abundante, introduce uno o dos dedos hasta el fondo de la vagina para localizar y masajear suavemente el cuello del útero, mientras la mujer guía el ritmo y narra lo que siente. Es un ejercicio relacional que requiere confianza y comunicación.
El cérvix —el cuello del útero— se puede palpar en el fondo de la vagina. Como vimos en el artículo anterior, su posición cambia según el momento del ciclo (más alto o más bajo, más abierto o más cerrado) y su sensibilidad varía enormemente de una mujer a otra. Algunas lo sienten como una zona de presión neutra; otras experimentan sensaciones muy particulares —emocionales, viscerales, a veces intensamente placenteras—. Y algunas no sienten prácticamente nada. Todas las respuestas son normales.
¿Por qué con pareja?
Porque alcanzar el cérvix con los propios dedos es difícil en la mayoría de las posturas —especialmente si el cérvix está alto—. La pareja tiene mejor ángulo y más longitud de alcance. Además, este ejercicio tiene una dimensión relacional importante: implica entrega, confianza y comunicación en tiempo real.
Preparación
Este ejercicio nunca debería ser lo primero. Necesita una preparación corporal extensa: un masaje corporal, caricias, estimulación de los labios de Venus y del clítoris —todo el recorrido que hemos ido trabajando en la serie—. El objetivo es que cuando los dedos lleguen al fondo de la vagina, tu cuerpo esté completamente en modo parasimpático: relajado, excitado, abierto.
Recuerda: durante la excitación, el útero se eleva y la vagina se expande (efecto carpa). Esto significa que el cérvix será más accesible y que la experiencia será más cómoda cuanto más excitada estés.
Cómo hacerlo
Tu pareja coloca una mano sobre tu abdomen bajo —sobre la zona del útero— y con la otra, después de lubricar generosamente, introduce uno o dos dedos lentamente en la vagina. Tú guías: el ritmo, la profundidad, la velocidad. Nada de prisa.
Una vez dentro, tu pareja desliza los dedos hasta el fondo, buscando el cérvix —esa estructura redondeada, firme y lisa al final del canal vaginal—. Su posición puede variar: puede estar centrado, inclinado hacia delante o hacia atrás. A veces hay que explorarlo con suavidad para encontrarlo.
Una vez localizado, tu pareja puede recorrer suavemente alrededor del cérvix con las yemas de los dedos, haciendo movimientos circulares lentos y delicados. La mano que está sobre el abdomen puede asistir con una presión suave desde fuera, creando un contacto “sándwich” —por dentro y por fuera a la vez—.
Lo que tú haces como receptora
Tu trabajo es sentir. Nada más. No tienes que buscar una respuesta concreta.
¿Sientes el contacto con el cérvix? ¿Qué tipo de sensación es —presión, calor, cosquilleo, nada—? ¿Aparecen emociones? ¿Cambia algo en tu respiración, en tu cuerpo? Comunícale a tu pareja lo que estás sintiendo —en voz alta, con naturalidad—. Esto no es solo información para tu pareja: narrarlo te ayuda a ti a prestar atención a lo que ocurre.
Si no sientes nada, está bien. No fuerces. A veces la sensibilidad del cérvix necesita varias sesiones para “despertar”. Y a veces simplemente no es una zona especialmente sensible para ti —y eso también es completamente normal—.
Si sientes incomodidad o dolor, pide a tu pareja que retire los dedos o que reduzca la presión. El cérvix puede ser sensible de formas que no siempre son placenteras, especialmente si hay tensión, si estás en un momento del ciclo donde el cérvix está más bajo y firme, o si la excitación previa no ha sido suficiente.
¿Por qué aparecen emociones al conectar con el útero y el cérvix?
La zona profunda de la vagina y el cérvix pueden ser un lugar donde el cuerpo ha acumulado tensión asociada a experiencias intensas —partos, intervenciones ginecológicas, experiencias sexuales difíciles, pérdidas—; por eso, al tocar esa zona con presencia, pueden liberarse emociones intensas que conviene acoger sin analizar.
El cérvix es la puerta del útero —y el útero es un órgano que acompaña cada etapa de la vida femenina—. La zona profunda de la vagina puede ser un lugar donde el cuerpo ha guardado memoria corporal de momentos importantes.
Si durante este ejercicio aparecen emociones intensas —tristeza, rabia, vulnerabilidad profunda— no es un mal signo. Es tu cuerpo soltando algo que llevaba guardado. Respira, deja que la emoción esté, no la analices en el momento. Es lo que Alexander Lowen describió desde la bioenergética: el cuerpo retiene en su tejido aquello que no se pudo sentir y expresar en su día. Y si lo que aparece es muy intenso, ese es un material valioso para trabajar con acompañamiento profesional.
¿Pueden hacer estos ejercicios las mujeres sin útero?
Sí. Las mujeres que han pasado por una histerectomía pueden hacer ambos ejercicios: la ausencia de útero no impide la exploración, porque la vagina, el suelo pélvico y las terminaciones nerviosas de la zona siguen funcionando, y el tacto consciente sobre la cicatriz interna puede ayudar a normalizar progresivamente su sensibilidad.
Si te han hecho una histerectomía, tu pareja puede tocar y masajear suavemente la zona donde se encuentra la cicatriz interna. El tejido cicatricial puede tener una sensibilidad particular —a veces adormecida, a veces hipersensible— y el tacto consciente puede ayudar a normalizarlo progresivamente.
¿Cómo combinar ambos ejercicios en una práctica regular?
Lo más recomendable es combinar el ejercicio de conexión externa como práctica individual diaria (unos cinco minutos antes de dormir) con la exploración del cérvix en pareja como experiencia puntual dentro de la intimidad compartida: el primero aporta constancia y reconexión cotidiana, el segundo aporta profundidad y exploración compartida.
El primero te da constancia y reconexión cotidiana. El segundo te da profundidad y exploración compartida. Juntos, construyen una relación con tu zona pélvica que transforma la forma en que habitas tu cuerpo —durante el sexo y fuera de él—. Compartir esa exploración con la pareja conecta además con la recuperación del tacto consciente como base del vínculo.
¿Cuándo conviene un acompañamiento profesional?
Si estos ejercicios te generan curiosidad pero también dudas, si sientes bloqueo al intentar conectar con tu zona pélvica, si la exploración del cérvix te resulta incómoda o emocionalmente difícil, o si simplemente quieres un proceso guiado de reconexión con tu cuerpo y tu sexualidad —puedo ayudarte—.
En mi consulta trabajo con sexología clínica, terapia Gestalt y conciencia corporal. Cuando el trabajo lo pide, integro las cuatro llaves del trabajo somático y el masaje gestáltico, especialmente cuando la zona pélvica guarda tensión o memoria corporal de partos, intervenciones o experiencias difíciles.
Sobre el autor
Vidal Higuera es psicólogo, sexólogo clínico y terapeuta Gestalt. Especializado en sexología somática femenina, autoconocimiento sexual, reconexión corporal posparto y posquirúrgica, sexualidad y ciclo vital femenino. Acompaña a mujeres y parejas en procesos de reconexión corporal y recuperación del placer desde un enfoque integrador que combina sexología clínica, terapia Gestalt, Masaje Sensitivo Gestáltico, focalización sensorial y regulación del sistema nervioso autónomo. Consulta presencial en Pamplona y también online para toda España.
📩 Escríbeme y hablamos sin compromiso — la primera sesión es confidencial, sin juicios y a tu ritmo.
Serie completa de anatomía sexual femenina
Este es el undécimo artículo de una serie de trece sobre anatomía sexual femenina:
- I. Exploración de la vulva y la vagina
- II. Los labios de Venus
- III. Cómo tocar los labios de Venus
- IV. El clítoris
- V. Cómo tocar el clítoris
- VI. El punto G
- VII. Cómo acariciar el punto G
- VIII. El músculo PC
- IX. Ejercicios para la musculatura del suelo pélvico
- X. El útero
- XI. Cómo masajear el útero (este artículo)
- XII. Los ovarios
- XIII. Cómo entrar en contacto con los ovarios mediante la energía
Preguntas frecuentes sobre la conexión con el útero
¿Para qué sirve masajear o conectar con el útero? Conectar conscientemente con el útero —llevando hacia esa zona el calor de las manos, la respiración y la atención— mejora la circulación local, activa el sistema nervioso parasimpático, reduce la tensión de la musculatura abdominal y pélvica, y aumenta la conciencia corporal de una zona habitualmente ignorada. Con la práctica regular, muchas mujeres notan reglas menos dolorosas, menos tensión en el bajo vientre y más presencia corporal durante el sexo.
¿Cómo se hace el automasaje o conexión externa con el útero? Tumbada boca arriba, se frotan las palmas de las manos hasta que estén calientes y se colocan sobre el abdomen bajo, justo por encima del hueso púbico. Con los ojos cerrados, se respira de forma diafragmática llevando el aire hacia esa zona durante 10-15 respiraciones lentas, sintiendo cómo el abdomen se expande al inhalar y se relaja al exhalar. Bastan unos cinco minutos al día.
¿Es normal sentir emociones al conectar con el útero? Sí. La zona pélvica y el útero pueden guardar tensión asociada a experiencias intensas: partos, intervenciones ginecológicas, experiencias sexuales difíciles, pérdidas. Al llevar presencia y tacto consciente a esa zona, esa tensión puede liberarse acompañada de emociones como ternura, melancolía, tristeza o alivio. No hay que analizarlas en el momento: basta acogerlas, respirar y dejarlas estar.
¿Se puede sentir placer al estimular el cérvix? Depende de cada mujer. Algunas mujeres experimentan al estimular el cérvix sensaciones muy particulares —presión profunda, fuerte carga emocional, en algunos casos un tipo de orgasmo más visceral y expandido—. Otras lo perciben como una zona neutra y otras no sienten prácticamente nada. Todas las respuestas son normales, y no es necesario sentir placer cervical para tener una sexualidad plena.
¿Por qué es mejor explorar el cérvix en pareja? Porque alcanzar el cérvix con los propios dedos es difícil en la mayoría de las posturas, sobre todo si está alto. La pareja tiene mejor ángulo y alcance. Además, la exploración del cérvix tiene una dimensión relacional —entrega, confianza, comunicación en tiempo real— que la convierte también en un ejercicio de intimidad compartida.
¿Por qué hay que estar muy excitada antes de explorar el cérvix? Porque durante la excitación se produce el “efecto carpa”: el útero se eleva y el fondo de la vagina se expande. Esto hace que el cérvix sea más accesible y que el contacto resulte más cómodo. Sin una preparación corporal y una excitación suficientes, la exploración cervical puede resultar incómoda o directamente dolorosa.
¿Pueden hacer estos ejercicios las mujeres a las que se les ha extirpado el útero? Sí. Tras una histerectomía, la vagina, el suelo pélvico y las terminaciones nerviosas de la zona siguen funcionando, por lo que ambos ejercicios pueden realizarse. El tacto consciente sobre la zona de la cicatriz interna —que puede tener una sensibilidad adormecida o hipersensible— ayuda a normalizar progresivamente esa sensibilidad.
¿Con qué frecuencia conviene hacer estos ejercicios? El ejercicio de conexión externa con el útero puede hacerse a diario, idealmente unos cinco minutos antes de dormir, como práctica de reconexión cotidiana. La exploración del cérvix en pareja es más bien una experiencia puntual, para momentos en los que haya tiempo, calma y disposición de ambos. La combinación de ambos —constancia individual y profundidad compartida— es la más recomendable.
Etiquetas: Educación Sexual, Masaje, Pamplona, sexología, Tantra




