Feb
2024
Anatomía sexual femenina X: el útero
by Sexologia Pamplona | in Anatomía Sexual | 0 comments
El órgano que acompaña cada etapa de tu vida como mujer
El útero es probablemente el órgano más infravalorado del cuerpo femenino. La mayoría de las mujeres solo piensan en él cuando se quedan embarazadas, cuando les duele la regla o cuando el ginecólogo lo menciona. Pero el útero es mucho más que un contenedor para la gestación. Es un órgano muscular activo que participa en tu sexualidad, que refleja los cambios de tu ciclo, y que acompaña cada transición importante de tu vida —desde la primera menstruación hasta la menopausia—.
Esta es la décima entrega de la serie sobre anatomía sexual femenina. Después de explorar la vulva, los labios de Venus, el clítoris, la zona G y el suelo pélvico, llegamos a un órgano que raramente aparece en las conversaciones sobre placer sexual —y que merece su espacio—.
¿Qué es el útero y dónde está?
El útero es un órgano muscular hueco con forma de pera invertida, situado en el centro de la pelvis entre la vejiga y el recto, que mide entre 7 y 8 centímetros fuera del embarazo y está formado por dos partes principales: el cuerpo uterino y el cuello uterino o cérvix. Fuera de la gestación tiene, aproximadamente, el tamaño de un puño cerrado.
Está compuesto por dos partes principales:
El cuerpo uterino
Es la parte superior y más voluminosa. Sus paredes están formadas por capas de músculo liso —el miometrio— capaces de contraerse con una fuerza extraordinaria (como demuestran durante el parto). La capa interna —el endometrio— es la que se engrosa cada mes durante el ciclo menstrual y se desprende durante la regla.
El cuello uterino o cérvix
Es la parte inferior, más estrecha, que se asoma unos centímetros hacia el interior de la vagina. Es el cérvix lo que puedes palpar si introduces los dedos profundamente —una estructura redondeada, firme y lisa, con una pequeña apertura en el centro (el orificio cervical)—. Como vimos en el primer artículo de esta serie, su posición varía según la mujer y según el momento del ciclo.
El útero se sostiene en su posición gracias a un sistema de ligamentos elásticos que le permiten adaptarse a los cambios de tamaño —desde su tamaño normal hasta la capacidad de albergar un bebé de tres kilos y medio, multiplicando su volumen hasta cien veces, y volver a su tamaño original en apenas seis semanas después del parto—. Ningún otro órgano del cuerpo humano tiene esa capacidad de transformación.
¿Cómo cambia el útero a lo largo del ciclo menstrual?
El útero es un órgano dinámico que cambia continuamente con el ciclo hormonal: en la fase folicular el endometrio empieza a engrosarse y el cérvix está más cerrado; en la ovulación el cérvix se ablanda, se eleva y se abre; en la fase lútea el endometrio alcanza su máximo grosor y, si no hay implantación, se desprende en la menstruación.
Tu útero no está igual un día que otro.
Durante la fase folicular (después de la regla), el endometrio empieza a engrosarse preparándose para una posible implantación. El cérvix está más cerrado y firme.
Durante la ovulación, el cérvix se ablanda, se eleva ligeramente y se abre —permitiendo el paso de los espermatozoides—. Si palpas tu cérvix en distintos momentos del mes, puedes notar estas diferencias: antes de la ovulación es más compacto y bajo; durante la ovulación es más blando, más alto y más abierto. Cuatro o cinco días después, vuelve a su posición habitual.
En la fase lútea (después de la ovulación), el endometrio alcanza su máximo grosor. Si no hay implantación, las hormonas descienden y el endometrio se desprende —la menstruación—.
Conocer estos cambios no es solo información reproductiva. Te permite entender por qué tu cuerpo se siente diferente en distintos momentos del mes —incluida tu respuesta sexual, que también fluctúa con el ciclo—.
¿Qué papel juega el útero en la respuesta sexual?
El útero participa activamente en la respuesta sexual de tres formas: se contrae rítmicamente durante el orgasmo, se eleva durante la excitación creando más espacio para la penetración profunda (efecto carpa o “tenting”), y en algunas mujeres el cérvix es una zona sensible capaz de producir un tipo de orgasmo más profundo.
El útero no es un órgano “pasivo” durante el sexo.
Contracciones durante el orgasmo
Cuando llegas al orgasmo, el útero se contrae rítmicamente junto con el suelo pélvico. Estas contracciones uterinas son parte de lo que hace que algunos orgasmos se sientan “más profundos” o más expansivos que otros —especialmente cuando ha habido estimulación interna (zona G, cérvix) además de la estimulación del clítoris—.
Elevación durante la excitación
A medida que la excitación crece, el útero se eleva —se desplaza ligeramente hacia arriba— en lo que se conoce como “tenting” o efecto carpa. Esto hace que el fondo de la vagina se expanda, creando más espacio para la penetración profunda. Si alguna vez has notado que la penetración profunda es más cómoda cuando estás muy excitada y más incómoda cuando no lo estás, esto es exactamente lo que está ocurriendo. Es una razón fisiológica más por la que la excitación previa no es opcional.
El cérvix como zona sensible
La mayoría de las mujeres no sienten gran cosa cuando les tocan el cérvix. Pero algunas sí —y para ellas, la estimulación del cérvix puede producir sensaciones muy particulares: una combinación de presión profunda, emocionalidad intensa y, en algunos casos, un tipo de orgasmo diferente al clitoriano, más “visceral” y expandido—. No es universal, y no necesitas sentirlo para tener una sexualidad plena —pero si te ocurre, merece la pena saber que es completamente normal—.
¿Cómo acompaña el útero las distintas etapas de la vida femenina?
El útero marca las grandes transiciones de la vida femenina —menarquia, años fértiles, embarazo y parto, perimenopausia y menopausia—, y cada una de esas etapas tiene implicaciones directas para el deseo, la excitación y la vivencia de la sexualidad.
Ningún otro órgano marca las etapas de la vida femenina como el útero.
- La menarquia —la primera menstruación— señala el inicio de la madurez sexual. El cuerpo empieza a funcionar en ciclos, y con ellos llegan las primeras fluctuaciones hormonales que afectarán al deseo, a la excitación y a las emociones ligadas a la sexualidad.
- Los años fértiles traen el ritmo mensual del ciclo: momentos del mes con más deseo (generalmente alrededor de la ovulación), momentos con menos, cambios en la sensibilidad genital, variaciones en la lubricación.
- El embarazo y el parto transforman el útero de forma radical —y con él, la relación de la mujer con su cuerpo, su suelo pélvico, su sexualidad—. Después del parto, muchas mujeres necesitan tiempo y a veces acompañamiento para reconectar con su zona pélvica y con el placer.
- La perimenopausia y la menopausia —la etapa en la que el ciclo empieza a cambiar y finalmente se detiene— traen nuevos cambios: la disminución de estrógenos afecta a la mucosa uterina y vaginal, al suelo pélvico, a la lubricación y a la respuesta sexual. Como vimos en el artículo sobre vaginismo en la menopausia, estos cambios son reales y significativos —pero no significan el final de la vida sexual—. Significan un cambio que puede navegarse con conocimiento y acompañamiento.
Mujeres sin útero
Algunas mujeres han pasado por una histerectomía (extirpación del útero). Es importante decir que la ausencia de útero no elimina la capacidad de sentir placer ni de tener orgasmos —el clítoris, la vagina y el suelo pélvico siguen funcionando—. Pero la experiencia sexual puede cambiar —algunas mujeres notan que los orgasmos se sienten diferentes, y la zona de la cicatriz puede tener una sensibilidad particular que merece atención y cuidado—.
¿Cómo afecta la tensión abdominal al útero y a la sexualidad?
La tensión crónica del abdomen bajo —por estrés, postura o el hábito de “meter tripa”— comprime la zona pélvica, limita la movilidad del útero y reduce la flexibilidad del suelo pélvico, lo que puede traducirse en reglas más dolorosas y más tensión durante el sexo. El equilibrio está en un abdomen con tono pero sin rigidez.
Hay un aspecto que raramente se aborda y que tiene relevancia clínica directa: la tensión que llevas en el abdomen bajo afecta a cómo funciona tu útero y tu zona pélvica.
Un abdomen crónicamente tenso —por estrés, por hábitos posturales, por la costumbre de “meter tripa”— comprime la zona pélvica y limita la movilidad del útero y la flexibilidad del suelo pélvico. Esto puede traducirse en reglas más dolorosas, más tensión durante el sexo y menos capacidad del útero para moverse libremente durante la excitación (ese efecto carpa que mencionamos antes).
Un abdomen demasiado flácido, sin tono, puede carecer del soporte necesario para sostener los órganos pélvicos adecuadamente.
El punto medio —un abdomen con tono pero sin rigidez, capaz de expandirse con la respiración y de sostener sin comprimir— es lo que permite que la zona pélvica funcione con libertad. Y eso se entrena con la misma respiración diafragmática y conciencia corporal que trabajamos en los ejercicios de suelo pélvico.
Esa tensión abdominal sostenida casi siempre es la huella de un sistema nervioso en alerta crónica — algo que, cuando se cronifica, conviene mirar de frente desde el enfoque Gestalt, como abordo en Comprendiendo el estrés.
¿Cuándo conviene un acompañamiento profesional?
Si sientes curiosidad por conocer mejor tu propio cuerpo —cómo responde tu útero al ciclo, cómo influye en tu sexualidad, cómo reconectar con tu zona pélvica después de un parto o una cirugía— puedo acompañarte.
En mi consulta trabajo con sexología clínica, terapia Gestalt y conciencia corporal. El útero y toda la zona pélvica guardan a menudo tensión y memoria corporal de experiencias importantes; cuando el trabajo lo pide, integro las cuatro llaves del trabajo somático y el masaje gestáltico, porque reconectar con la sensación corporal —como describió Alexander Lowen— es la base de toda recuperación del placer. En el siguiente artículo de la serie veremos cómo masajear y entrar en contacto con el útero.
Sobre el autor
Vidal Higuera es psicólogo, sexólogo clínico y terapeuta Gestalt. Especializado en sexología somática femenina, autoconocimiento sexual, sexualidad y ciclo menstrual, sexualidad en la menopausia y trastornos de la excitación. Acompaña a mujeres y parejas en procesos de reconexión corporal y recuperación del placer desde un enfoque integrador que combina sexología clínica, terapia Gestalt, Masaje Sensitivo Gestáltico, focalización sensorial y regulación del sistema nervioso autónomo. Consulta presencial en Pamplona y también online para toda España.
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Serie completa de anatomía sexual femenina
Este es el décimo artículo de una serie de trece sobre anatomía sexual femenina:
- I. Exploración de la vulva y la vagina
- II. Los labios de Venus
- III. Cómo tocar los labios de Venus
- IV. El clítoris
- V. Cómo tocar el clítoris
- VI. El punto G
- VII. Cómo acariciar el punto G
- VIII. El músculo PC
- IX. Ejercicios para la musculatura del suelo pélvico
- X. El útero (este artículo)
- XI. Cómo masajear el útero
- XII. Los ovarios
- XIII. Cómo entrar en contacto con los ovarios mediante la energía
Preguntas frecuentes sobre el útero
¿Qué tamaño tiene el útero? Fuera del embarazo, el útero mide aproximadamente entre 7 y 8 centímetros de largo, un tamaño similar al de un puño cerrado. Durante la gestación puede multiplicar su volumen hasta cien veces para albergar al bebé, y tras el parto vuelve a su tamaño original en unas seis semanas. Es el órgano del cuerpo humano con mayor capacidad de transformación.
¿El útero participa en el orgasmo? Sí. Durante el orgasmo, el útero se contrae rítmicamente junto con el suelo pélvico. Estas contracciones uterinas contribuyen a que algunos orgasmos se perciban como más profundos o expansivos, especialmente cuando ha habido estimulación interna (zona G, cérvix) además de la del clítoris.
¿Qué es el efecto carpa o “tenting” del útero? El efecto carpa o “tenting” es la elevación del útero que se produce con la excitación sexual: el útero se desplaza ligeramente hacia arriba y el fondo de la vagina se expande, creando más espacio para la penetración profunda. Es la razón fisiológica por la que la penetración profunda resulta más cómoda con un buen nivel de excitación previa y más incómoda sin ella.
¿Se puede sentir placer al estimular el cérvix? Depende de cada mujer. La mayoría de las mujeres no perciben gran cosa al estimular el cuello uterino, pero algunas sí: para ellas la estimulación cervical puede producir sensaciones de presión profunda, una fuerte carga emocional e incluso un tipo de orgasmo distinto al clitoriano, más visceral y expandido. No es universal y no es necesario sentirlo para tener una sexualidad plena.
¿Cómo cambia el cérvix a lo largo del ciclo menstrual? El cuello uterino cambia de posición y consistencia con el ciclo. Antes de la ovulación está más bajo, firme y cerrado. Durante la ovulación se ablanda, se eleva y se abre ligeramente para facilitar el paso de los espermatozoides. Después vuelve progresivamente a su posición habitual. Estos cambios son palpables y forman parte del autoconocimiento del propio cuerpo.
¿Se puede tener orgasmos sin útero, después de una histerectomía? Sí. La extirpación del útero no elimina la capacidad de sentir placer ni de tener orgasmos: el clítoris, la vagina y el suelo pélvico siguen funcionando. Algunas mujeres notan que los orgasmos se sienten diferentes tras la histerectomía, sobre todo si antes percibían las contracciones uterinas, y la zona de la cicatriz puede requerir atención y cuidado específicos.
¿Por qué tengo reglas dolorosas y tensión en el sexo? Entre los factores que influyen está la tensión crónica del abdomen bajo y de la zona pélvica. Un abdomen permanentemente contraído —por estrés, postura o el hábito de “meter tripa”— comprime la zona pélvica, limita la movilidad del útero y reduce la flexibilidad del suelo pélvico, lo que puede asociarse a menstruaciones más dolorosas y a más tensión durante las relaciones sexuales. El trabajo de respiración diafragmática y conciencia corporal ayuda a liberar esa compresión.
¿La menopausia significa el final de la vida sexual? No. La perimenopausia y la menopausia traen cambios reales —descenso de estrógenos, cambios en la mucosa, en la lubricación y en el suelo pélvico— que afectan a la respuesta sexual, pero no suponen el final de la vida sexual. Con conocimiento del propio cuerpo, los cuidados adecuados y, cuando hace falta, acompañamiento profesional, la sexualidad puede seguir siendo plena y satisfactoria en esta etapa.
Etiquetas: Educación Sexual, Masaje, Pamplona, sexología, Tantra




