Qué es realmente, dónde está y por qué no lo sientes (todavía)

Pocas zonas del cuerpo femenino han generado tanta expectativa, tanta confusión y tanta frustración como el famoso punto G. Hay mujeres que dicen tener orgasmos intensísimos con su estimulación. Otras lo han buscado y no sienten nada. Y muchas se preguntan si realmente existe o si es otro invento más para hacerles sentir que les falta algo.

La respuesta corta es: sí, existe. Pero no es lo que la mayoría cree. No es un botón mágico escondido que produce orgasmos instantáneos al pulsarlo. Es una zona —no un punto— con unas características anatómicas concretas y una sensibilidad que varía enormemente de una mujer a otra y que, en muchos casos, necesita ser despertada.

Esta es la sexta entrega de la serie sobre anatomía sexual femenina. Y probablemente una de las más necesarias, porque hay demasiada fantasía y demasiado poca información honesta sobre este tema.


¿Qué es el punto G en realidad?

El punto G no es un punto ni una estructura independiente, sino una zona de la pared anterior de la vagina que resulta especialmente sensible porque está en contacto con el tejido eréctil esponjoso que rodea la uretra. Su sensibilidad no es fija: depende directamente del nivel de excitación.

Lo que conocemos como “punto G” —nombrado así por el ginecólogo Ernst Gräfenberg, que lo describió en los años 50— es una zona de la pared anterior de la vagina (la que queda “arriba” si estás tumbada boca arriba) que resulta especialmente sensible porque está directamente en contacto con el tejido esponjoso que rodea la uretra.

Este tejido —llamado cuerpo esponjoso uretral o esponja uretral— es tejido eréctil. El mismo tipo de tejido que forma los cuerpos cavernosos del pene y del clítoris. Es decir: cuando te excitas, esta zona se llena de sangre, se hincha y se vuelve más firme y más sensible al tacto.

Por eso la sensibilidad del punto G no es fija —depende directamente de tu nivel de excitación—. En estado de reposo, la zona puede sentirse suave y poco reactiva. Con excitación, cambia de textura (se vuelve rugosa, como la superficie de una nuez), se hincha y responde de forma mucho más intensa al contacto. Es el mismo mecanismo de erección por vasodilatación que se produce en el pene y en el clítoris.

Esto explica algo que muchas mujeres experimentan: buscan el punto G “en frío”, no sienten nada, y concluyen que no lo tienen. En realidad lo tienen — pero su cuerpo no estaba activado lo suficiente para que la zona respondiera.


¿Dónde está exactamente el punto G?

El punto G se encuentra en la pared anterior de la vagina, a unos 3-5 centímetros hacia dentro desde la entrada, justo detrás del hueso púbico, ocupando una zona de uno a varios centímetros y no un único punto preciso.

Si introduces un dedo con la palma de la mano hacia arriba y haces un movimiento de “ven aquí”, puedes notar una zona con una textura diferente al resto de la pared vaginal —ligeramente más rugosa, más esponjosa, más firme—.

No es un punto diminuto que haya que encontrar con precisión milimétrica. Es una zona más amplia —de uno a varios centímetros— que ocupa buena parte de la pared anterior. Por eso hoy muchos sexólogos preferimos hablar de “zona G” en lugar de “punto G”: porque la idea de un punto crea la expectativa de que hay que “dar en el clavo”, y la realidad es mucho más flexible que eso.


¿Qué relación tiene el punto G con el clítoris?

La zona del punto G no es independiente del clítoris: la esponja uretral está íntimamente conectada con los bulbos vestibulares y las raíces clitorianas que rodean la vagina, de modo que estimular el punto G es estimular indirectamente una parte del complejo clitoriano.

Aquí es donde la anatomía moderna ha aportado una comprensión que cambia la forma de entender el placer femenino.

La esponja uretral —esa estructura que hace sensible la zona G— no es independiente del clítoris. Está íntimamente conectada con los bulbos vestibulares y las raíces clitorianas que rodean la vagina por dentro. Cuando estimulas la zona G, estás estimulando indirectamente una parte del complejo clitoriano.

Esto significa que la vieja distinción entre “orgasmo clitoriano” y “orgasmo vaginal” probablemente no tiene tanto sentido como se creía. En ambos casos, lo que se está estimulando —por vías diferentes— son estructuras del mismo complejo eréctil. La diferencia está en la puerta de entrada, no en el destino. Lo desarrollo en profundidad en el artículo sobre el orgasmo vaginal y del clítoris.


¿Qué es la eyaculación femenina?

La eyaculación femenina es la expulsión de un fluido a través de la uretra producida por las glándulas de Skene (parauretrales) —equivalente funcional de la próstata masculina— cuando la zona G se estimula de forma intensa y sostenida. No es orina, y no todas las mujeres la experimentan.

Las glándulas que rodean la esponja uretral —llamadas glándulas de Skene o glándulas parauretrales— son el equivalente funcional de la próstata masculina. De hecho, se desarrollan a partir del mismo tejido embrionario.

Cuando la zona G se estimula de forma intensa y sostenida, estas glándulas pueden producir un fluido que se expulsa a través de la uretra. Esto es lo que se conoce como eyaculación femenina. No es orina —aunque la sensación previa puede confundirse con ganas de orinar, porque la presión se ejerce muy cerca de la vejiga—.

La cantidad de fluido varía enormemente: puede ser apenas unas gotas apenas perceptibles o una cantidad más abundante. No todas las mujeres eyaculan, y hacerlo o no hacerlo no tiene ninguna relación con el placer ni con la “calidad” del orgasmo. Pero si te ocurre, conviene saber que es completamente normal —muchas mujeres que lo experimentan por primera vez se asustan porque creen que se están orinando, y esa preocupación les hace bloquearse justo cuando el placer estaba creciendo—.


¿Por qué no siento nada en la zona del punto G?

No sentir nada al estimular la zona del punto G casi nunca indica un problema: las causas más frecuentes son falta de excitación previa, falta de familiaridad con esa zona, una sensación distinta a la esperada, o tensión y desconexión corporal que mantienen la zona “dormida”.

Si has explorado tu zona G y no has sentido gran cosa, hay varias explicaciones posibles —y ninguna significa que tengas un problema—:

Falta de excitación previa

La zona G necesita que el tejido esponjoso esté irrigado y hinchado para responder. Si la exploras sin calentamiento previo, es probable que no sientas nada significativo. La estimulación del clítoris, los labios, todo el juego previo —no es un “extra” antes de llegar al punto G—. Es lo que hace que el punto G exista funcionalmente. Por eso es tan importante el trabajo previo de excitación.

Falta de familiaridad

La sensibilidad de la zona G se desarrolla con la exploración. Muchas mujeres que inicialmente no sienten nada empiezan a notar sensaciones cada vez más claras a medida que dedican tiempo a conocer esa zona. El cuerpo aprende a prestar atención a lo que antes ignoraba.

La sensación no es lo que esperabas

La estimulación de la zona G produce un tipo de placer diferente al del clítoris —suele ser más profundo, más difuso, a veces acompañado de una sensación de presión o de “ganas de orinar” que en realidad es excitación—. Si esperas la misma sensación intensa y localizada que produce el glande del clítoris, la zona G puede decepcionarte —no porque no funcione, sino porque funciona de otra manera—.

Tensión o desconexión

Si tu cuerpo está tenso, si tu sistema nervioso está en modo alerta, o si hay una desconexión general con tus sensaciones internas, la zona G puede quedar “dormida”. No porque no esté ahí, sino porque el cuerpo no está en el estado que necesita para sentirla. La tensión crónica del suelo pélvico también reduce la sensibilidad de toda la zona.


¿Es necesario sentir el punto G para tener una sexualidad plena?

No. La zona G es una posibilidad del placer femenino, no una obligación: no es necesario tener orgasmos con su estimulación, ni eyacular, ni sentir nada concreto para vivir una sexualidad plena. Cada cuerpo tiene su propio mapa de placer.

Si hay un mensaje que quiero que te quedes de este artículo es este: la zona G es una posibilidad, no una obligación.

No necesitas tener orgasmos con la estimulación del punto G para tener una sexualidad plena. No necesitas eyacular. No necesitas sentir exactamente lo que dicen las revistas o los vídeos que deberías sentir. Tu cuerpo tiene su propio mapa de placer, y la zona G es una parte de ese mapa —ni más ni menos importante que el clítoris, los labios, el cuello, o cualquier otra zona que te haga sentir bien—.

Esa presión por “funcionar” de una manera concreta es, en sí misma, uno de los grandes saboteadores del placer femenino —algo que el psicoterapeuta Eduardo Grecco describe con claridad en Cinco maneras de sabotear el placer sexual—. La exploración merece la pena, pero sin la presión de tener que “encontrar” algo ni de “funcionar” de una manera concreta.

En el próximo artículo de esta serie veremos cómo explorar y estimular la zona G de forma práctica.


¿Cuándo conviene buscar acompañamiento profesional?

Si sientes curiosidad pero no sabes por dónde empezar, si llevas tiempo intentándolo sin resultado, o si la exploración de tu interior te genera incomodidad, bloqueo o emociones difíciles —puedo ayudarte—.

En mi consulta trabajo con mujeres que quieren conocer mejor su cuerpo y su placer desde un espacio seguro, con un enfoque que integra sexología clínica, terapia Gestalt y conciencia corporal. Utilizo la focalización sensorial, la regulación del sistema nervioso y, cuando el trabajo lo pide, las cuatro llaves del trabajo somático y el masaje gestáltico. Reconectar con la sensación corporal —como describió Alexander Lowen desde la bioenergética— es la base de toda recuperación del placer.


Sobre el autor

Vidal Higuera es psicólogo, sexólogo clínico y terapeuta Gestalt. Especializado en sexología somática femenina, autoconocimiento sexual, anorgasmia, trastornos de la excitación y dolor sexual. Acompaña a mujeres y parejas en procesos de reconexión corporal y recuperación del placer desde un enfoque integrador que combina sexología clínica, terapia Gestalt, Masaje Sensitivo Gestáltico, focalización sensorial y regulación del sistema nervioso autónomo. Consulta presencial en Pamplona y también online para toda España.

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Serie completa de anatomía sexual femenina

Este es el sexto artículo de una serie de trece sobre anatomía sexual femenina:


Preguntas frecuentes sobre el punto G

¿El punto G existe realmente? Sí, existe, pero no como se suele imaginar. No es un botón ni una estructura independiente, sino una zona de la pared anterior de la vagina que es especialmente sensible porque está en contacto con el tejido eréctil esponjoso que rodea la uretra. Por eso muchos sexólogos prefieren hablar de “zona G” en lugar de “punto G”.

¿Dónde está exactamente el punto G? La zona del punto G se sitúa en la pared anterior de la vagina (la que queda hacia arriba si la mujer está tumbada boca arriba), aproximadamente entre 3 y 5 centímetros hacia dentro desde la entrada, justo detrás del hueso púbico. Se localiza introduciendo un dedo con la palma hacia arriba y haciendo un movimiento de “ven aquí”: la zona tiene una textura más rugosa y esponjosa que el resto de la pared vaginal, sobre todo en estado de excitación.

¿Por qué no siento nada cuando busco el punto G? Las causas más frecuentes son: falta de excitación previa (la zona necesita estar irrigada e hinchada para responder), falta de familiaridad (la sensibilidad se desarrolla con la exploración), una sensación distinta a la esperada (el placer de la zona G es más profundo y difuso que el del clítoris), o tensión y desconexión corporal. Ninguna de estas causas indica un problema: la zona G está ahí, pero necesita ciertas condiciones para responder.

¿Es lo mismo el orgasmo de punto G que el orgasmo clitoriano? La distinción tradicional entre “orgasmo vaginal” y “orgasmo clitoriano” ha quedado matizada por la anatomía moderna. La zona G está conectada con las estructuras internas del clítoris (bulbos vestibulares y raíces). Por eso, al estimular la zona G se estimula indirectamente parte del complejo clitoriano: lo que cambia es la vía de estimulación, no la estructura final implicada.

¿Qué es la eyaculación femenina y es normal? La eyaculación femenina es la expulsión de un fluido a través de la uretra, producido por las glándulas de Skene (parauretrales) cuando la zona G se estimula de forma intensa y sostenida. Estas glándulas son el equivalente funcional de la próstata masculina. Es un fenómeno completamente normal, aunque no todas las mujeres lo experimentan, y eyacular o no eyacular no tiene relación con la intensidad del placer ni con la “calidad” del orgasmo.

¿La eyaculación femenina es orina? No. El fluido de la eyaculación femenina procede de las glándulas de Skene, no de la vejiga. Sí es cierto que la sensación previa puede confundirse con ganas de orinar, porque la presión de la estimulación se ejerce muy cerca de la vejiga. Esa confusión hace que algunas mujeres se bloqueen por miedo a orinarse, justo cuando el placer estaba aumentando.

¿Se puede “despertar” el punto G si nunca he sentido nada? En la mayoría de los casos, sí. La sensibilidad de la zona G se desarrolla con la familiaridad y la exploración, y depende mucho del nivel de excitación y del estado del sistema nervioso. Con un trabajo progresivo —excitación previa suficiente, exploración sin presión, regulación del sistema nervioso y, si hace falta, acompañamiento profesional— muchas mujeres que no sentían nada empiezan a percibir sensaciones cada vez más claras.

¿Es necesario sentir el punto G para tener una sexualidad plena? No. La zona G es una posibilidad más del placer femenino, no una obligación ni un requisito. No es necesario tener orgasmos de punto G, ni eyacular, ni sentir nada concreto para vivir una sexualidad plena y satisfactoria. Cada cuerpo tiene su propio mapa de placer, y todas sus zonas son igual de válidas.

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