Feb
2024
Anatomía sexual femenina XIII: conectar con tus ovarios
by Sexologia Pamplona | in Anatomía Sexual | 0 comments
Un ejercicio de conciencia corporal para cerrar la serie
Los ovarios no se pueden tocar. Están demasiado profundos dentro de la pelvis para que los alcancen tus dedos. Pero eso no significa que no puedas conectar con ellos. Lo que necesitas no son las manos —es la atención—.
Esta es la decimotercera y última entrega de la serie sobre anatomía sexual femenina. A lo largo de doce artículos hemos recorrido tu cuerpo desde la vulva hasta los ovarios, desde lo que se ve hasta lo que no se ve, desde lo que se toca hasta lo que solo se siente. Este último ejercicio cierra el recorrido llevando tu atención al lugar más profundo e inaccesible de todos.
¿Se puede conectar con los ovarios si no se pueden tocar?
Sí. Aunque los ovarios no se pueden palpar por estar demasiado profundos en la pelvis, sí se puede conectar con ellos a través de la conciencia interoceptiva: la capacidad de sentir lo que ocurre dentro del propio cuerpo, dirigiendo la atención, la respiración y el calor de las manos hacia la zona donde se proyectan.
No es un ejercicio esotérico. Es un ejercicio de conciencia interoceptiva —la capacidad de sentir lo que ocurre dentro de tu propio cuerpo—. Es la misma capacidad que usas cuando notas que tienes hambre, que el corazón se te acelera, o que hay una tensión en el estómago antes de una conversación difícil. Solo que aquí la diriges a una zona que probablemente nunca ha recibido tu atención.
¿Por qué merece la pena conectar con la zona ovárica?
Dirigir la atención de forma regular a la zona pélvica aumenta la densidad de las conexiones neurales entre esa zona y el cerebro: cuanto más se le presta atención a una parte del cuerpo, más se siente, más se registra y mejor se integra en la experiencia consciente. Lo que antes era invisible empieza a tener presencia.
Tu zona pélvica —útero, ovarios, suelo pélvico— es un centro de actividad hormonal, muscular y nerviosa que influye directamente en tu estado de ánimo, tu energía, tu ciclo y tu sexualidad. Pero para la mayoría de las mujeres es una zona “muda” —funciona en automático sin que le prestes la menor atención—.
La investigación en neurociencia interoceptiva muestra que dirigir la atención de forma regular a una zona del cuerpo aumenta la densidad de las conexiones neurales entre esa zona y el cerebro. Dicho de forma sencilla: cuanto más atención le prestas a una parte de tu cuerpo, más la sientes, más la registras y mejor la integras en tu experiencia consciente.
Y eso tiene consecuencias prácticas: más conciencia de tus cambios cíclicos, más conexión con tus señales de deseo y excitación, más capacidad de percibir cuándo tu cuerpo está relajado y cuándo no, y una relación más íntima con tu propia zona pélvica —lo cual transforma la experiencia sexual—. Reconectar con la sensación corporal —como describió Alexander Lowen desde la bioenergética— es la base de toda vitalidad.
¿Cómo se hace el ejercicio de conexión con los ovarios paso a paso?
El ejercicio de conexión con los ovarios consiste en cinco pasos —activar el calor de las manos, colocarlas sobre la zona de proyección de los ovarios, respirar de forma diafragmática dirigiendo la atención a esa zona, observar lo que aparece y cerrar con suavidad— y dura entre 5 y 10 minutos.
Puedes hacerlo cada día —antes de dormir es un buen momento— o varias veces por semana. Con 5 a 10 minutos es suficiente. La constancia importa más que la duración.
Preparación
Túmbate boca arriba en un lugar cómodo y tranquilo donde nadie vaya a interrumpirte. Puedes hacerlo en la cama, sobre una esterilla o sobre una manta en el suelo. Deja que tu cuerpo se acomode —las rodillas pueden estar estiradas o dobladas con los pies apoyados, lo que te resulte más cómodo—.
Paso 1: Activar el calor de las manos
Frota las palmas de las manos una contra otra durante 15 o 20 segundos —con energía, hasta que sientas calor claramente—. Este calor no es simbólico: es un aumento real de la temperatura y de la circulación en las palmas, que al apoyarlas sobre la piel genera una vasodilatación local y una señal sensorial que tu cerebro registra como “atención aquí”.
Paso 2: Colocar las manos sobre los ovarios
Apoya cada mano a un lado del abdomen bajo —más o menos a la altura de las ingles, ligeramente por debajo y a los lados del ombligo—. Esa es la zona de proyección de tus ovarios sobre la superficie del abdomen.
Cierra los ojos. Siente el calor de las manos penetrando a través de la piel. No tienes que hacer nada más. Solo estar presente con esa sensación.
Paso 3: Respiración dirigida
Inhala lentamente por la nariz, llevando el aire hacia la zona baja del abdomen —siente cómo se expande bajo tus manos—. Exhala suavemente por la boca, dejando que el abdomen descienda y se ablande con cada exhalación.
Con cada inhalación, imagina que el aire llega hasta la zona de los ovarios —no como metáfora espiritual, sino como foco de atención—. Estás dirigiendo tu conciencia a ese punto concreto de tu cuerpo, igual que podrías dirigirla a un dolor de cabeza o a una tensión en el hombro. La respiración diafragmática profunda activa además el sistema nervioso parasimpático, el estado de calma y receptividad del cuerpo.
Repite 10-15 respiraciones lentas y profundas.
Paso 4: Observar lo que aparece
Con las manos todavía apoyadas y los ojos cerrados, quédate en silencio unos minutos. Observa qué percepciones aparecen:
- ¿Sientes calor en la zona? ¿Es igual en ambos lados o diferente?
- ¿Hay alguna pulsación sutil?
- ¿Notas tensión, pesadez, ligereza, nada?
- ¿Aparecen emociones —calma, melancolía, bienestar, inquietud—?
- ¿Aparecen pensamientos, recuerdos, imágenes?
No busques una respuesta concreta. Todo lo que aparezca es información válida —y si no aparece nada especial, eso también está bien—. La práctica regular va afinando la percepción: lo que hoy es silencio puede ser sensación clara dentro de unas semanas.
Paso 5: Cerrar con suavidad
Cuando sientas que es suficiente, retira las manos lentamente. Quédate tumbada un par de minutos más sin hacer nada —simplemente notando cómo se siente tu abdomen, tu pelvis, tu cuerpo entero después del ejercicio—. Muchas mujeres notan una sensación de calor expandido por la zona pélvica, una relajación profunda del bajo vientre, o una quietud particular. Otras notan poco al principio —y eso cambia con la práctica—.
¿Qué cambia con la práctica regular del ejercicio?
Practicar este ejercicio de forma regular —unos cinco minutos al día durante varias semanas— suele producir cambios sutiles pero consistentes: mayor conciencia de los cambios cíclicos, menos dolor menstrual, más conexión con las señales de deseo y mayor presencia corporal durante el sexo.
Las mujeres que incorporan este ejercicio como rutina suelen reportar:
- Mayor conciencia de los cambios cíclicos —notar cuándo están ovulando, cuándo se acerca la regla, cuándo el cuerpo pide descanso y cuándo pide actividad—.
- Menos dolor menstrual —la respiración diafragmática y la relajación de la zona abdominal baja reducen la tensión que amplifica los calambres—.
- Más conexión con el deseo —al integrar la zona ovárica en tu mapa corporal consciente, las señales de deseo y excitación se perciben con más claridad—.
- Mayor presencia corporal durante el sexo —una mujer que habita su pelvis conscientemente vive la sexualidad de una forma diferente a una que solo la siente “de cuello para arriba”—.
El cierre de la serie: trece formas de conocerte
Con este ejercicio terminamos un recorrido de trece artículos que empezó en la vulva y ha pasado por los labios de Venus, el clítoris, la zona G, el suelo pélvico, el útero y los ovarios. Trece entregas dedicadas a que conozcas tu cuerpo con la profundidad que merece —no desde la frialdad de un manual de anatomía, sino desde la calidez de alguien que cree que el autoconocimiento corporal es el primer paso hacia una sexualidad más plena, más consciente y más tuya—.
Cada artículo te ha propuesto una forma diferente de mirarte, tocarte y sentirte. Cada ejercicio ha sido una invitación a habitar una zona de tu cuerpo que quizá estaba dormida, desconocida o ignorada. Y todo junto —la exploración, el tacto, la respiración, la atención— construye algo que va mucho más allá de la anatomía: construye una relación contigo misma.
¿Cuándo conviene un acompañamiento profesional?
Si a lo largo de esta serie has descubierto cosas que te gustaría explorar más, si algo de lo que has leído te ha hecho resonar con una dificultad que llevas tiempo arrastrando, o si simplemente quieres un espacio seguro para reconectar con tu cuerpo y tu placer —estoy aquí para acompañarte—.
En mi consulta trabajo con sexología clínica, terapia Gestalt y conciencia corporal. Cuando el trabajo lo pide, integro las cuatro llaves del trabajo somático y el masaje gestáltico, porque habitar plenamente el propio cuerpo es, para muchas mujeres, el reencuentro con la Afrodita interior que la cultura ha mantenido silenciada. Tanto si el motivo es una dificultad concreta —falta de deseo, dificultad para el orgasmo, dolor— como el simple deseo de conocerte mejor, el acompañamiento marca la diferencia.
Sobre el autor
Vidal Higuera es psicólogo, sexólogo clínico y terapeuta Gestalt. Especializado en sexología somática femenina, autoconocimiento sexual, conciencia corporal, reconexión con el cuerpo y trastornos del deseo. Acompaña a mujeres y parejas en procesos de reconexión corporal y recuperación del placer desde un enfoque integrador que combina sexología clínica, terapia Gestalt, Masaje Sensitivo Gestáltico, focalización sensorial y regulación del sistema nervioso autónomo. Consulta presencial en Pamplona y también online para toda España.
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Serie completa de anatomía sexual femenina
Con este artículo se completa la serie de trece entregas sobre anatomía sexual femenina:
- I. Exploración de la vulva y la vagina
- II. Los labios de Venus
- III. Cómo tocar los labios de Venus
- IV. El clítoris
- V. Cómo tocar el clítoris
- VI. El punto G
- VII. Cómo acariciar el punto G
- VIII. El músculo PC
- IX. Ejercicios para la musculatura del suelo pélvico
- X. El útero
- XI. Cómo masajear el útero
- XII. Los ovarios
- XIII. Cómo entrar en contacto con los ovarios (este artículo)
Preguntas frecuentes sobre la conexión con los ovarios
¿Se puede conectar con los ovarios si no se pueden tocar? Sí. Los ovarios no se pueden palpar porque están demasiado profundos dentro de la pelvis, pero sí se puede conectar con ellos mediante la conciencia interoceptiva: la capacidad de percibir lo que ocurre dentro del propio cuerpo. Dirigir hacia la zona la atención, la respiración y el calor de las manos activa las vías sensoriales que la conectan con el cerebro.
¿Qué es la conciencia interoceptiva? La conciencia interoceptiva es la capacidad de sentir las señales internas del propio cuerpo: el hambre, el latido del corazón, la tensión muscular, la respiración, las sensaciones viscerales. Es una habilidad entrenable: cuanto más se dirige la atención a una zona del cuerpo, más se desarrollan las conexiones neurales entre esa zona y el cerebro, y mejor se percibe.
¿Cómo se hace el ejercicio de conexión con los ovarios? Tumbada boca arriba, se frotan las palmas de las manos hasta que estén calientes y se colocan a ambos lados del abdomen bajo, a la altura de las ingles, donde se proyectan los ovarios. Con los ojos cerrados, se respira de forma diafragmática llevando la atención a esa zona durante 10-15 respiraciones, se observa en silencio lo que aparece y se cierra con suavidad. Dura entre 5 y 10 minutos.
¿Este ejercicio tiene base científica o es esotérico? Tiene base científica. No se trata de “energía” en sentido esotérico, sino de conciencia interoceptiva: la neurociencia muestra que dirigir la atención de forma regular a una zona del cuerpo aumenta la densidad de las conexiones neurales entre esa zona y el cerebro. El calor de las manos produce una vasodilatación local real, y la respiración diafragmática activa el sistema nervioso parasimpático.
¿Con qué frecuencia conviene hacer este ejercicio? Lo ideal es practicarlo a diario, unos 5-10 minutos, idealmente antes de dormir, aunque también es válido hacerlo varias veces por semana. La constancia importa más que la duración: los cambios en la percepción y en la conexión con la zona pélvica aparecen con la práctica sostenida a lo largo de varias semanas.
¿Para qué sirve conectar con los ovarios y la zona pélvica? Conectar conscientemente con la zona ovárica y pélvica aumenta la conciencia de los cambios cíclicos, ayuda a percibir con más claridad las señales de deseo y excitación, reduce la tensión que amplifica el dolor menstrual y favorece una mayor presencia corporal durante el sexo. En conjunto, mejora la relación de la mujer con su propio cuerpo.
¿Es normal no sentir nada al hacer el ejercicio? Sí, completamente normal, sobre todo al principio. La zona ovárica es una de las más “mudas” del cuerpo porque rara vez recibe atención consciente. Con la práctica regular, la percepción se va afinando: lo que las primeras veces es silencio puede convertirse en sensaciones claras de calor, pulsación o presencia al cabo de unas semanas.a emocional del deseo.
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