Ene
2024
ANATOMÍA SEXUAL FEMENINA III: Cómo tocar los labios de Venus, un ejercicio de reconexión con tu propio placer
by Sexologia Pamplona | in Anatomía Sexual | 0 comments
–¿Cuándo fue la última vez que tocaste tu cuerpo — ahí abajo — sin un objetivo? Sin buscar un orgasmo. Sin prisa. Solo por sentir. Solo por conocerte.
Si la respuesta es “nunca” o “no me acuerdo”, no es raro. La mayoría de las mujeres tocan su zona genital con dos propósitos: higiene o sexo. Rara vez hay un tercer espacio — un espacio de exploración consciente, de tacto sin destino, de escucha del propio cuerpo. Y sin embargo, ese espacio es uno de los más transformadores que existen para reconectar con tu sexualidad.
Esta es la tercera entrega de la serie sobre anatomía sexual femenina. En las anteriores conocimos la vulva y la vagina, y exploramos los labios vulvares — su diversidad, su sensibilidad, su papel en la excitación. Ahora damos un paso más: del conocer al sentir.
Lo que sigue es un ejercicio práctico de autoexploración táctil de los labios vulvares. En sexología clínica, este tipo de ejercicios se enmarcan dentro de lo que llamamos focalización sensorial — una técnica que consiste en prestar atención plena a las sensaciones corporales, sin buscar excitación ni resultado. El objetivo no es el placer sexual (aunque puede aparecer). El objetivo es la conexión.
Antes de empezar: creando las condiciones
Este ejercicio necesita un entorno donde te sientas segura, cómoda y sin interrupciones. No hace falta nada elaborado, pero sí atender a lo básico:
Un espacio cálido y privado donde nadie vaya a molestarte. Tiempo suficiente — al menos 20 o 30 minutos sin prisa. Las manos limpias y con las uñas cortas. Lubricante de base acuosa o un aceite corporal sin perfume — es importante porque la mucosa de los labios menores es muy fina y el tacto sin lubricación puede irritar en lugar de agradar. Si te apetece, puedes crear ambiente con iluminación suave o música tranquila, pero no es imprescindible. Lo que sí es imprescindible es la disposición interna: estar ahí por ti misma, con curiosidad y sin autoexigencia.
¿Puedes hacerlo con tu pareja? Sí, si hay confianza suficiente. En ese caso, la persona que recibe el tacto va narrando lo que siente — sensaciones físicas, emociones, pensamientos que aparecen — y la persona que toca escucha sin juzgar, sin interpretar, sin intentar “mejorar” nada. Pero este ejercicio tiene un valor especial cuando lo haces sola primero. Porque antes de poder comunicarle a alguien cómo te gusta que te toquen, necesitas saberlo tú.
El ejercicio paso a paso
Primer contacto: los labios mayores
Empieza lubricando suavemente toda la zona vulvar. Sin dirigirte a ningún punto concreto — simplemente cubre el área con aceite o lubricante para que el tacto sea fluido.
Ahora deja al descubierto los labios mayores y tócalos con calma. Masajéalos con movimientos lentos y firmes — pequeños círculos de arriba abajo, primero un lado, después el otro. No busques excitación. Busca información: ¿qué textura sientes bajo los dedos? ¿La piel es lisa, suave, con relieve? ¿Sientes la misma sensibilidad en ambos lados? ¿El tacto te resulta agradable, neutro, incómodo?
Presta atención no solo a lo que sienten tus dedos, sino a lo que siente tu cuerpo al ser tocado. Son dos experiencias distintas que ocurren al mismo tiempo.
En esta fase, muchas mujeres notan algo inesperado: una emoción. Puede ser ternura, tristeza, alivio, sorpresa. A veces aparece la conciencia de que esa zona de tu cuerpo nunca había recibido esa clase de atención — lenta, cuidadosa, sin prisa, sin objetivo. Y eso puede conmover. Si ocurre, no lo apartes. Respira profundo y deja que la emoción esté.
Segundo contacto: los labios menores
Cuando estés preparada, pasa a los labios menores. Descúbrelos suavemente separando los labios mayores y empieza a recorrerlos con la yema del pulgar y el índice. Movimientos circulares suaves, de arriba abajo, primero un labio y después el otro.
Vas a notar una diferencia inmediata: los labios menores son mucho más sensibles. Su mucosa tiene muchas más terminaciones nerviosas, así que cualquier contacto se percibe con más intensidad. Por eso es tan importante tener suficiente lubricante — sin él, la fricción puede resultar molesta en lugar de placentera.
Algunas preguntas que pueden guiar tu atención: ¿sientes diferente la parte superior que la inferior de cada labio? ¿Hay zonas más sensibles que otras? ¿El tacto suave se percibe distinto al tacto firme? ¿Notas alguna zona con más tensión, más calor o más sensibilidad?
No intentes sentir nada específico. Lo que aparezca es lo que es. No hay respuestas correctas.
Lo que este ejercicio puede revelarte
Si nunca has tocado tus labios vulvares de esta forma, es probable que descubras cosas que te sorprendan:
Que hay zonas de placer que no conocías — puntos de los labios menores especialmente sensibles que nunca habían recibido atención directa. Que hay zonas de tensión que no sabías que tenías — pequeñas áreas de rigidez o hipersensibilidad que pueden estar relacionadas con estrés acumulado, tensión del suelo pélvico o experiencias pasadas. Que los labios mayores y los labios menores piden tactos muy diferentes — y que lo que funciona en uno puede no funcionar en el otro. Que tu cuerpo necesita más tiempo de preparación del que le sueles dar — y que cuando le das ese tiempo, la respuesta cambia por completo.
Cada una de estas revelaciones es información valiosa. Información que puedes usar para conocerte mejor, para comunicarle a tu pareja lo que te gusta, y para entender por qué a veces tu cuerpo no responde como quisieras en el encuentro sexual.
Cuando el ejercicio se siente difícil
No todas las mujeres viven este ejercicio con facilidad. Algunas sienten rechazo, incomodidad, desconexión o incluso angustia al intentar tocarse de esta manera. Eso no significa que algo esté mal contigo. Significa que tu cuerpo está comunicando algo — y eso también es valioso.
La dificultad para estar presente con tu propia genitalidad puede tener raíces diversas: una educación que asoció el tacto genital con algo sucio o prohibido, experiencias sexuales negativas o dolorosas, una imagen corporal dañada, tensión crónica del suelo pélvico, o simplemente años de desconexión que no se revierten en un solo ejercicio.
Si esto te ocurre, no te fuerces. Y si sientes que necesitas acompañamiento para recorrer ese camino, ese es exactamente el tipo de trabajo que hago en consulta.
Cómo trabajo esto en consulta
Ejercicios como este forman parte de lo que en sexología clínica llamamos focalización sensorial — un enfoque terapéutico que utilizo con frecuencia y que consiste en reconectar con las sensaciones corporales de forma progresiva, sin presión de resultado.
En mi consulta, estos ejercicios se integran dentro de un proceso más amplio que combina sexología clínica, terapia Gestalt y trabajo con la conciencia corporal. No se trata solo de “aprender a tocarse” — se trata de entender qué hay entre tú y tu cuerpo, qué bloqueos emocionales sostienen la desconexión, y cómo crear las condiciones internas para que el placer sea posible.
Si sientes que este es un camino que quieres explorar con acompañamiento profesional, puedo ayudarte. Atiendo en consulta presencial en Pamplona y también en formato online para toda España. La primera sesión es confidencial, sin juicios y a tu ritmo.
Vidal Higuera — Psicólogo y Sexólogo Clínico
Etiquetas: Educación Sexual, Masaje, sexología, Tantra





