Feb
2024
ANATOMÍA SEXUAL FEMENINA VII: Cómo explorar la zona G, un ejercicio de focalización sensorial interna
by Sexologia Pamplona | in Anatomía Sexual | 0 comments
–Explorar la zona G no es buscar un botón escondido. Es aprender a sentir una parte de tu cuerpo que probablemente nunca ha recibido atención consciente — y descubrir qué tipo de tacto la despierta.
Este es el séptimo artículo de la serie sobre anatomía sexual femenina. En el anterior conocimos qué es la zona G, dónde se encuentra y por qué su sensibilidad depende del nivel de excitación. Ahora pasamos a la práctica: un ejercicio guiado de exploración interna, enmarcado en lo que en sexología clínica llamamos focalización sensorial — atención plena a las sensaciones corporales, sin objetivo ni presión.
Lo que propongo aquí no es una técnica para provocar orgasmos. Es un camino para conocer tu interior — literalmente — y ampliar tu mapa de placer.
Preparación: por qué el “antes” es tan importante como el “durante”
La zona G es tejido eréctil. Necesita sangre, excitación y tiempo para responder. Explorarla sin preparación es como intentar escuchar una radio que no está encendida — no vas a captar nada.
Prepara el espacio. Un lugar privado, cálido y sin interrupciones. Coloca una o dos almohadas bajo la pelvis si vas a estar tumbada boca arriba — esto cambia el ángulo y facilita mucho el acceso. Ten a mano lubricante de base acuosa.
Prepara tu cuerpo. Antes de explorar la zona G, dedica tiempo a conectar con tu cuerpo. Un automasaje corporal, caricias suaves por todo el cuerpo, estimulación de los labios de Venus y del clítoris — todo lo que hemos ido trabajando en los artículos anteriores de esta serie. El objetivo es que cuando tus dedos lleguen al interior, tu cuerpo ya esté en modo parasimpático: relajado, presente, con la sangre fluyendo hacia la zona genital.
¿Con tu pareja? Puede ser una experiencia muy valiosa si hay confianza suficiente. En ese caso, tú guías: narras lo que sientes, pides más o menos presión, más o menos profundidad. Tu pareja escucha y sigue tus indicaciones. Pero como en los ejercicios anteriores, hacerlo primero sola tiene un valor especial — sin la presión de agradar, sin expectativas externas.
El ejercicio paso a paso
Fase 1: Entrada con respeto
Aplica lubricante generosamente y coloca un dedo en la entrada de la vagina. No empujes. Espera. Respira. Deja que tu cuerpo se abra a su ritmo — puede llevar unos segundos o un par de minutos. Cuando sientas que la entrada cede suavemente, desliza el dedo hacia dentro.
Este primer momento es importante: estás enseñándole a tu cuerpo que la entrada es segura, que no hay prisa, que nadie va a forzar nada. Si hay tensión, no luches contra ella — respira, relaja la mandíbula (que tiene una conexión directa con el suelo pélvico) y dale tiempo.
Fase 2: Reconocimiento general
Con el dedo dentro, empieza a recorrer suavemente las paredes vaginales con movimientos circulares lentos. No busques la zona G todavía — simplemente familiarízate con tu interior. Nota las diferentes texturas, las diferentes temperaturas, las zonas que sientes más y las que sientes menos.
Algunas zonas pueden sentirse especialmente tensas, rígidas o sensibles. Esto es normal — el tejido vaginal puede acumular tensión, igual que cualquier otro músculo del cuerpo. Si encuentras una zona así, puedes quedarte ahí unos momentos haciendo una presión suave y sostenida mientras respiras profundamente. Muchas veces la tensión cede con la presión y la respiración.
Fase 3: Localizar la zona G
Ahora dirige tu atención hacia la pared anterior — la que queda “arriba” si estás tumbada boca arriba. Gira la mano de forma que la palma mire hacia arriba y desliza el dedo corazón (o índice y corazón juntos) unos 3 a 5 centímetros hacia dentro. Busca una zona con una textura diferente: más rugosa, más esponjosa, ligeramente abultada. Esa es la zona G.
Si no la identificas claramente, no te preocupes. Puede que tu nivel de excitación no sea suficiente todavía — vuelve a estimular el clítoris y los labios de Venus durante unos minutos y prueba de nuevo. La zona se vuelve mucho más palpable con la excitación.
Fase 4: Explorar distintos tipos de estimulación
Una vez localizada la zona, empieza a explorar con diferentes tipos de tacto:
“Ven aquí”. El movimiento clásico: con el dedo curvado, presiona la zona y haz un gesto de “ven aquí” — como si estuvieras llamando a alguien. Varía la velocidad y la presión.
Presión sostenida. Apoya la yema del dedo sobre la zona y presiona firmemente sin mover. Mantén la presión varios segundos mientras respiras. Muchas mujeres sienten más con la presión estática que con el movimiento.
Zigzag y deslizamiento. Recorre la zona de lado a lado o hacia dentro y hacia fuera, cubriendo toda el área. No te limites a un punto — explora toda la franja de la pared anterior.
Combinación con estimulación externa. Si es posible (sola o con tu pareja), combina la estimulación de la zona G con caricias en el clítoris. Esta doble estimulación — interna y externa — activa simultáneamente distintas partes del complejo clitoriano y puede producir sensaciones especialmente intensas.
Fase 5: Pausar y escuchar
Como en todos los ejercicios de esta serie, la pausa es tan importante como el movimiento.
Detente con el dedo apoyado suavemente en el interior. Cierra los ojos. Respira. ¿Qué sientes en tu cuerpo ahora mismo? ¿Hay calor? ¿Hay pulsación? ¿Hay emociones que aparecen?
La exploración interna puede movilizar emociones intensas — y no siempre las que esperas. Algunas mujeres sienten placer y conexión. Otras sienten vulnerabilidad, tristeza, rabia o incluso ganas de llorar. No hay una respuesta “correcta”. Lo que tu cuerpo expresa es lo que necesita expresar.
Sobre las emociones que pueden aparecer
Hay un concepto en el trabajo corporal y en la terapia somática que es importante entender: el cuerpo acumula tensión. No de forma esotérica ni mística — de forma fisiológica. La musculatura pélvica, por su localización y por lo que representa, es una de las zonas del cuerpo donde más se almacena la tensión relacionada con experiencias sexuales difíciles, con el miedo, con la vergüenza, con el dolor no expresado.
Cuando tocas esas zonas con presencia y con calma, a veces esa tensión se libera — y la liberación puede venir acompañada de emociones. Puede ser tristeza por experiencias pasadas que tu cuerpo recuerda aunque tu mente las haya apartado. Puede ser rabia contenida. Puede ser un alivio profundo.
No hace falta analizar la emoción en el momento. Solo notarla, respirar y dejarla estar. Si lo que aparece es muy intenso o perturbador, ese es un material precioso para trabajar con acompañamiento profesional — no para gestionarlo sola a la fuerza.
La sensación de “ganas de orinar”: lo que realmente es
Muchas mujeres, al estimular la zona G con cierta intensidad, sienten una sensación similar a las ganas de orinar. Esto ocurre porque la zona G está directamente sobre el tejido que rodea la uretra, muy cerca de la vejiga. La presión en esa zona activa terminaciones nerviosas que tu cerebro interpreta como “necesito hacer pis”.
En la gran mayoría de los casos, no son ganas de orinar reales — es excitación. Pero la confusión es tan común que muchas mujeres se bloquean en ese momento exacto, justo cuando el placer estaba creciendo. Si te pasa, puedes ir al baño antes del ejercicio para vaciar la vejiga y tener la tranquilidad de que lo que sientes durante la exploración no es orina, sino respuesta sexual.
De la exploración a tu vida sexual
Lo que descubras sobre tu zona G en estos ejercicios es información que puedes llevar directamente a tu vida sexual con tu pareja. Qué tipo de presión te gusta, a qué velocidad, si prefieres estimulación interna sola o combinada con el clítoris, si la sensación te resulta placentera o neutra — todo eso es tu mapa personal, y compartirlo con tu pareja transforma la experiencia para ambos.
Si necesitas acompañamiento
Si durante la exploración sientes bloqueo, dolor, desconexión emocional, o si las emociones que aparecen te resultan difíciles de gestionar — ese es exactamente el tipo de trabajo que hago en consulta.
Utilizo focalización sensorial, regulación del sistema nervioso, terapia Gestalt y trabajo con la conciencia corporal para ayudar a mujeres que quieren reconectar con su placer interno — o que necesitan resolver lo que se interpone entre ellas y su cuerpo.
Atiendo en consulta presencial en Pamplona y también en formato online para toda España. La primera sesión es confidencial, sin juicios y a tu ritmo.
Vidal Higuera — Psicólogo y Sexólogo Clínico
Etiquetas: Educación Sexual, Masaje, orgasmo, Pamplona, Tantra





