Ene
2024
Anatomía sexual femenina V: cómo tocar el clítoris
by Sexologia Pamplona | in Anatomía Sexual | 0 comments
Un ejercicio de exploración consciente
Hay una diferencia enorme entre tocarte buscando un orgasmo y tocarte buscando conocerte. Este ejercicio va de lo segundo. No es masturbación —aunque puede parecerse—. Es un acto de atención: poner tus manos en la zona más sensible de tu cuerpo y escuchar lo que te dice.
Después de haber explorado los labios de Venus en un artículo anterior de esta serie, ahora llevamos la focalización sensorial al clítoris —el órgano con mayor densidad de terminaciones nerviosas de todo el cuerpo humano—. Un órgano que muchas mujeres estimulan pero pocas han explorado realmente con calma, sin prisa y sin destino.
Lo que propongo aquí no es una técnica para llegar más rápido al orgasmo. Es un camino para conocer tu propia respuesta, descubrir qué tipo de tacto te funciona, y sobre todo: recuperar la relación con una parte de tu cuerpo que quizá llevas años tocando en automático —o evitando—.
¿Qué es la exploración consciente del clítoris y en qué se diferencia de la masturbación?
La exploración consciente del clítoris es un ejercicio de focalización sensorial que consiste en tocar el clítoris con atención plena para conocer la propia respuesta, sin buscar excitación ni orgasmo; se diferencia de la masturbación en que esta última tiene el placer o el orgasmo como objetivo, mientras la exploración consciente tiene como objetivo el conocimiento y la reconexión.
Las dos prácticas pueden parecerse en la forma —las manos sobre el propio cuerpo— pero su intención es radicalmente distinta. Y esa diferencia de intención es justamente lo que permite descubrir sensaciones que el tacto dirigido al orgasmo no revela. Es la misma técnica de focalización sensorial que utilizo en consulta, aplicada al autoconocimiento.
¿Qué preparación necesita el cuerpo antes de tocar el clítoris?
Antes de explorar el clítoris conviene preparar el cuerpo con un tiempo previo de conexión —un baño caliente, caricias por todo el cuerpo, un automasaje o la exploración previa de los labios vulvares— para que el sistema nervioso parasimpático esté activo y el glande, extraordinariamente sensible, no reciba un contacto demasiado intenso sin calentamiento.
El clítoris —especialmente el glande— es extraordinariamente sensible. Tocarlo sin preparación previa puede ser demasiado intenso, incómodo o incluso molesto. Por eso el orden importa: este ejercicio funciona mucho mejor si antes has dedicado tiempo a conectar con tu cuerpo.
Eso puede ser un baño caliente, unas caricias por todo el cuerpo, un automasaje suave, o haber hecho el ejercicio de los labios vulvares que describí en el artículo anterior. La idea es que cuando llegues al clítoris, tu cuerpo ya esté en un estado de calma, presencia y apertura —con el sistema nervioso parasimpático activo—.
Lo que necesitas:
- Un espacio privado, cálido y sin interrupciones.
- Lubricante de base acuosa o aceite corporal sin perfume — imprescindible.
- Una postura cómoda: sentada o tumbada, que puedas mantener sin tensión.
- Tiempo — al menos 20 o 30 minutos sin prisa.
¿Con tu pareja? Puede ser. Si hay confianza suficiente, tu pareja puede realizar la exploración mientras tú le vas comunicando lo que sientes. Pero como en el ejercicio anterior, tiene un valor especial hacerlo primero sola: sin la presión de agradar, sin la expectativa del otro, sin más agenda que la tuya.
¿Cómo se explora el clítoris paso a paso?
El ejercicio de exploración del clítoris se realiza en cuatro fases: observar y reconocer la anatomía, un primer contacto muy suave a través del capuchón, la exploración de distintos tipos de tacto, y una fase de pausa para escuchar las sensaciones y emociones que aparecen.
Fase 1: Observar y reconocer
Antes de tocar, mira. Con un espejo si quieres, o simplemente con tus dedos como guía. Recorre el capuchón, localiza el glande, siente el cuerpo del clítoris —esa estructura firme y elástica que se percibe bajo la piel cuando deslizas el pulgar y el índice a los lados—. Esto no es un ejercicio de anatomía — es un reencuentro. Observa tu clítoris con la misma curiosidad con la que observarías cualquier otra parte de tu cuerpo que nunca hubieras mirado de cerca. ¿Es más grande o más pequeño de lo que creías? ¿Qué forma tiene? ¿El capuchón lo cubre mucho o poco?
Fase 2: Primer contacto — con mucha suavidad
Aplica lubricante generosamente y empieza a tocar el clítoris con la yema de un dedo. Muy suave. Sin intención de excitar —con intención de sentir—.
Empieza por el capuchón, no directamente sobre el glande. Recórrelo con movimientos lentos —arriba y abajo, circulares, laterales—. Observa: ¿qué sientes? ¿El tacto es agradable, neutro, demasiado intenso? ¿Hay diferencia entre tocar por encima del capuchón y por debajo?
Prueba a subir y bajar el capuchón suavemente con los dedos, dejando que el glande asome y se cubra. ¿Cómo cambia la sensación cuando el glande queda expuesto?
No busques una respuesta concreta. Lo que sientas es lo que es.
Fase 3: Explorar distintos tipos de tacto
Ahora empieza a variar. Prueba diferentes formas de contacto y observa cómo responde tu cuerpo a cada una:
- Movimientos circulares sobre el glande — primero muy suaves, luego gradualmente más firmes.
- Estimulación lateral — tocando los lados del glande con el índice y el pulgar.
- Presión estática — apoyar un dedo sobre el capuchón sin mover, solo sintiendo la presión y el pulso.
- Deslizamiento largo — recorrer toda la extensión del clítoris desde el glande hasta donde puedas sentir el cuerpo bajo la piel.
- Tacto indirecto — estimular el clítoris a través de los labios menores, sin contacto directo.
Cada tipo de tacto produce una sensación diferente. Algunas te gustarán más que otras. Algunas funcionarán mejor al principio del ejercicio y otras cuando ya estés más activada. No hay un tacto “correcto” —hay el que tu cuerpo prefiere en cada momento—.
Fase 4: Pausar y escuchar
Este es el paso más importante de todo el ejercicio —y el que más suele saltarse—.
En algún momento de la exploración, detente. Quédate quieta con la mano apoyada sobre tu vulva, sin movimiento. Cierra los ojos. Respira. Y observa qué pasa dentro de ti.
¿Qué sensaciones hay en tu cuerpo ahora mismo? ¿Hay excitación? ¿Calma? ¿Tensión? ¿Hay emociones que aparecen —ternura, vulnerabilidad, tristeza, alegría, nerviosismo—? ¿Aparecen pensamientos —juicios, recuerdos, comparaciones—?
Todo lo que aparezca es información válida. No hay que hacer nada con ello —solo notarlo, respirar y dejarlo estar—.
¿Qué emociones pueden aparecer durante la exploración del clítoris?
Durante la exploración consciente del clítoris pueden aparecer emociones inesperadas —placer y conexión, pero también tristeza, vulnerabilidad, incomodidad o rechazo— y todas ellas son significativas: son el modo en que el cuerpo comunica su historia con la sexualidad y el propio placer.
Este ejercicio, por sencillo que parezca, puede movilizar emociones que no esperabas. Algunas mujeres sienten placer y conexión. Otras sienten tristeza al darse cuenta de que nunca se habían tocado así —con cuidado, sin prisa, sin buscar un resultado para nadie más—. Otras sienten incomodidad, desconexión o incluso rechazo.
Todo eso es significativo. No en el sentido de que haya que analizarlo en ese momento, sino en el sentido de que tu cuerpo te está hablando:
- Si aparece tristeza, puede que haya un duelo por todo el tiempo en que esa parte de ti no recibió la atención que merecía.
- Si aparece tensión o miedo, puede haber experiencias pasadas que tu cuerpo todavía recuerda.
- Si aparece placer, puede ser la señal de que estás recuperando una conexión que estaba dormida.
En cualquier caso: lo que sientes importa. Reconectar con la sensación corporal —como describió Alexander Lowen desde la bioenergética— es la base de toda vitalidad sexual. Y si algo de lo que aparece te resulta difícil de gestionar sola, ese es un terreno donde el acompañamiento profesional puede hacer una diferencia enorme.
¿Cómo ayuda este ejercicio a comunicarme con mi pareja?
Conocer el propio mapa de placer —qué tipo de tacto, a qué velocidad, con qué presión, en qué zonas— es la condición previa para poder guiar a la pareja: la comunicación sexual eficaz empieza siempre por el autoconocimiento, porque no se puede pedir lo que no se conoce.
Cuando conoces tu propio mapa, tienes algo que muchas mujeres no tienen: la capacidad de guiar a tu pareja.
Porque una de las quejas más frecuentes que escucho en consulta es: “mi pareja no sabe cómo tocarme”, “me estimula demasiado fuerte” o “va directo al clítoris sin calentamiento”. Y la realidad es que tu pareja no tiene por qué saberlo —cada mujer es diferente, y lo que le gustaba a otra persona no tiene por qué gustarte a ti—.
La comunicación empieza por el autoconocimiento. Y este ejercicio es la base de esa comunicación. Conecta directamente con los cinco lenguajes del amor aplicados al cuerpo, y con la recuperación del tacto consciente en la pareja como base del vínculo.
¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?
Conviene buscar acompañamiento profesional si durante la exploración aparece dolor persistente en el clítoris, ausencia total de sensación (“clítoris dormido”), angustia intensa, rechazo o flashbacks de experiencias difíciles, o si hay una dificultad sostenida para alcanzar el orgasmo sin causa aparente.
Cualquiera de estas situaciones puede trabajarse:
- Si durante la exploración sientes dolor persistente en la zona del clítoris.
- Si la estimulación no te produce ninguna sensación, o si sientes que tu clítoris está “dormido”.
- Si el ejercicio te genera angustia, rechazo intenso o flashbacks de experiencias difíciles.
- Si llevas tiempo sin poder llegar al orgasmo y no entiendes por qué.
En mi consulta utilizo focalización sensorial, regulación del sistema nervioso, terapia Gestalt y trabajo con la conciencia corporal para ayudar a mujeres que quieren reconectar con su placer —o que necesitan resolver algo que se interpone entre ellas y su cuerpo—. Cuando el trabajo lo pide, integro también las cuatro llaves del trabajo somático y el masaje gestáltico. Para muchas mujeres, este camino es también un reencuentro con la Afrodita interior que la cultura ha mantenido silenciada — un silencio que el psicoterapeuta Eduardo Grecco analiza en Cinco maneras de sabotear el placer sexual.
Si la dificultad es específicamente para alcanzar el orgasmo, lo abordo en detalle en el artículo sobre las dificultades orgásmicas femeninas.
Sobre el autor
Vidal Higuera es psicólogo, sexólogo clínico y terapeuta Gestalt. Especializado en sexología somática femenina, autoconocimiento sexual, focalización sensorial, anorgasmia y trastornos de la excitación. Acompaña a mujeres y parejas en procesos de reconexión corporal y recuperación del placer desde un enfoque integrador que combina sexología clínica, terapia Gestalt, Masaje Sensitivo Gestáltico, focalización sensorial y regulación del sistema nervioso autónomo. Consulta presencial en Pamplona y también online para toda España.
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Serie completa de anatomía sexual femenina
Este es el quinto artículo de una serie de trece sobre anatomía sexual femenina:
- I. Exploración de la vulva y la vagina
- II. Los labios de Venus
- III. Cómo tocar los labios de Venus
- IV. El clítoris
- V. Cómo tocar el clítoris (este artículo)
- VI. El punto G
- VII. Cómo acariciar el punto G
- VIII. El músculo PC
- IX. Ejercicios para la musculatura del suelo pélvico
- X. El útero
- XI. Cómo masajear el útero
- XII. Los ovarios
- XIII. Cómo entrar en contacto con los ovarios mediante la energía
Preguntas frecuentes sobre cómo tocar el clítoris
¿Cómo se debe tocar el clítoris para que sea placentero? No existe una fórmula universal, pero la experiencia clínica confirma algunos patrones: empezar tras un calentamiento previo del cuerpo, comenzar con un tacto suave e indirecto a través del capuchón (no directamente sobre el glande), aumentar la intensidad de forma gradual a medida que crece la excitación, y usar siempre lubricación suficiente. Lo más importante es que cada mujer es diferente, y el autoconocimiento es la única guía fiable.
¿Por qué tocar el clítoris directamente a veces molesta? Porque el glande del clítoris concentra más de 8.000 terminaciones nerviosas en muy poca superficie. Un tacto directo, fuerte o rápido —especialmente al inicio, sin que el cuerpo se haya activado— puede producir sobreestimulación: una sensación que pasa de placentera a irritante en segundos. Por eso se recomienda empezar por el capuchón, con tacto indirecto y suave.
¿Es lo mismo este ejercicio que masturbarse? No exactamente. La masturbación habitualmente tiene como objetivo el placer o el orgasmo. Este ejercicio de exploración consciente tiene como objetivo conocer la propia respuesta: qué tacto funciona, qué sensaciones y emociones aparecen, cómo cambia la respuesta a lo largo del tiempo. La ausencia de meta es lo que permite descubrir cosas que el tacto dirigido al orgasmo no revela.
¿Cuánto lubricante hay que usar y de qué tipo? Conviene usar lubricante en abundancia, porque la mucosa del clítoris y de la zona vulvar es muy fina y el tacto en seco puede irritar. Lo más adecuado es un lubricante de base acuosa o un aceite vegetal sin perfume (almendras dulces, jojoba, coco). Evita los lubricantes con perfume, sabores o efectos calor/frío en una exploración consciente: enmascaran las sensaciones reales.
¿Es normal sentir tristeza o ganas de llorar al tocar el clítoris con atención? Sí, es una respuesta más frecuente de lo que se piensa. Para muchas mujeres es la primera vez que tocan esa zona de su cuerpo con cuidado, sin prisa y sin buscar un resultado para otra persona. Esa toma de conciencia puede movilizar un duelo por el tiempo en que esa parte de sí mismas no recibió atención. Si aparece la emoción, conviene acogerla, respirar y dejar que esté.
¿Qué significa que mi clítoris esté “dormido” o que no sienta nada? La falta de sensibilidad o de respuesta del clítoris suele tener causas reversibles: un sistema nervioso en estado de alerta crónica, tensión del suelo pélvico, estimulación previa insuficiente, experiencias pasadas que asociaron el tacto genital con malestar, o efectos de cierta medicación (antidepresivos, anticonceptivos hormonales). No es un estado definitivo: con un trabajo sexológico adecuado, la mayoría de las mujeres recuperan la sensibilidad y la respuesta.
¿Puedo hacer este ejercicio con mi pareja? Sí, si existe confianza suficiente. La pareja puede realizar la exploración mientras la mujer va comunicando lo que siente. Aun así, tiene un valor especial hacerlo primero en solitario: sin la presión de agradar y sin la expectativa del otro, es más fácil escuchar la propia respuesta. El conocimiento que se obtiene en solitario es, además, la base para después poder guiar a la pareja.
Etiquetas: Educación Sexual, Masaje, Pamplona, sexología, Tantra





