Ene
2024
ANATOMÍA SEXUAL FEMENINA V: Cómo tocar el clítoris, un ejercicio de exploración consciente
by Sexologia Pamplona | in Anatomía Sexual | 0 comments
Hay una diferencia enorme entre tocarte buscando un orgasmo y tocarte buscando conocerte. Este ejercicio va de lo segundo. No es masturbación — aunque puede parecerse. Es un acto de atención: poner tus manos en la zona más sensible de tu cuerpo y escuchar lo que te dice.
Después de haber explorado los labios vulvares en el artículo anterior, ahora llevamos la focalización sensorial al clítoris — el órgano con mayor densidad de terminaciones nerviosas de todo el cuerpo humano. Un órgano que muchas mujeres estimulan pero pocas han explorado realmente con calma, sin prisa y sin destino.
Lo que propongo aquí no es una técnica para llegar más rápido al orgasmo. Es un camino para conocer tu propia respuesta, descubrir qué tipo de tacto te funciona, y sobre todo: recuperar la relación con una parte de tu cuerpo que quizá llevas años tocando en automático — o evitando.
Preparación: lo que tu cuerpo necesita antes
El clítoris — especialmente el glande — es extraordinariamente sensible. Tocarlo sin preparación previa puede ser demasiado intenso, incómodo o incluso molesto. Por eso el orden importa: este ejercicio funciona mucho mejor si antes has dedicado tiempo a conectar con tu cuerpo.
Eso puede ser un baño caliente, unas caricias por todo el cuerpo, un automasaje suave, o haber hecho el ejercicio de los labios vulvares que describimos en el artículo anterior. La idea es que cuando llegues al clítoris, tu cuerpo ya esté en un estado de calma, presencia y apertura — con el sistema nervioso parasimpático activo.
Lo que necesitas: un espacio privado, cálido y sin interrupciones. Lubricante de base acuosa o aceite corporal sin perfume — imprescindible. Una postura cómoda: sentada o tumbada, que puedas mantener sin tensión. Tiempo — al menos 20 o 30 minutos sin prisa.
¿Con tu pareja? Puede ser. Si hay confianza suficiente, tu pareja puede realizar la exploración mientras tú le vas comunicando lo que sientes. Pero como en el ejercicio anterior, tiene un valor especial hacerlo primero sola: sin la presión de agradar, sin la expectativa del otro, sin más agenda que la tuya.
El ejercicio paso a paso
Fase 1: Observar y reconocer
Antes de tocar, mira. Con un espejo si quieres, o simplemente con tus dedos como guía. Recorre el capuchón, localiza el glande, siente el cuerpo del clítoris — esa estructura firme y elástica que se percibe bajo la piel cuando deslizas el pulgar y el índice a los lados. Esto no es un ejercicio de anatomía — es un reencuentro. Observa tu clítoris con la misma curiosidad con la que observarías cualquier otra parte de tu cuerpo que nunca hubieras mirado de cerca. ¿Es más grande o más pequeño de lo que creías? ¿Qué forma tiene? ¿El capuchón lo cubre mucho o poco?
Fase 2: Primer contacto — con mucha suavidad
Aplica lubricante generosamente y empieza a tocar el clítoris con la yema de un dedo. Muy suave. Sin intención de excitar — con intención de sentir.
Empieza por el capuchón, no directamente sobre el glande. Recórrelo con movimientos lentos — arriba y abajo, circulares, laterales. Observa: ¿qué sientes? ¿El tacto es agradable, neutro, demasiado intenso? ¿Hay diferencia entre tocar por encima del capuchón y por debajo?
Prueba a subir y bajar el capuchón suavemente con los dedos, dejando que el glande asome y se cubra. ¿Cómo cambia la sensación cuando el glande queda expuesto?
No busques una respuesta concreta. Lo que sientas es lo que es.
Fase 3: Explorar distintos tipos de tacto
Ahora empieza a variar. Prueba diferentes formas de contacto y observa cómo responde tu cuerpo a cada una:
Movimientos circulares sobre el glande — primero muy suaves, luego gradualmente más firmes. Estimulación lateral — tocando los lados del glande con el índice y el pulgar. Presión estática — apoyar un dedo sobre el capuchón sin mover, solo sintiendo la presión y el pulso. Deslizamiento largo — recorrer toda la extensión del clítoris desde el glande hasta donde puedas sentir el cuerpo bajo la piel. Tacto indirecto — estimular el clítoris a través de los labios menores, sin contacto directo.
Cada tipo de tacto produce una sensación diferente. Algunas te gustarán más que otras. Algunas funcionarán mejor al principio del ejercicio y otras cuando ya estés más activada. No hay un tacto “correcto” — hay el que tu cuerpo prefiere en cada momento.
Fase 4: Pausar y escuchar
Este es el paso más importante de todo el ejercicio — y el que más suele saltarse.
En algún momento de la exploración, detente. Quédate quieta con la mano apoyada sobre tu vulva, sin movimiento. Cierra los ojos. Respira. Y observa qué pasa dentro de ti.
¿Qué sensaciones hay en tu cuerpo ahora mismo? ¿Hay excitación? ¿Calma? ¿Tensión? ¿Hay emociones que aparecen — ternura, vulnerabilidad, tristeza, alegría, nerviosismo? ¿Aparecen pensamientos — juicios, recuerdos, comparaciones?
Todo lo que aparezca es información válida. No hay que hacer nada con ello — solo notarlo, respirar y dejarlo estar.
Lo que puede aparecer (y por qué importa)
Este ejercicio, por sencillo que parezca, puede movilizar emociones que no esperabas. Algunas mujeres sienten placer y conexión. Otras sienten tristeza al darse cuenta de que nunca se habían tocado así — con cuidado, sin prisa, sin buscar un resultado para nadie más. Otras sienten incomodidad, desconexión o incluso rechazo.
Todo eso es significativo. No en el sentido de que haya que analizarlo en ese momento, sino en el sentido de que tu cuerpo te está hablando. Si aparece tristeza, puede que haya un duelo por todo el tiempo en que esa parte de ti no recibió la atención que merecía. Si aparece tensión o miedo, puede haber experiencias pasadas que tu cuerpo todavía recuerda. Si aparece placer, puede ser la señal de que estás recuperando una conexión que estaba dormida.
En cualquier caso: lo que sientes importa. Y si algo de lo que aparece te resulta difícil de gestionar sola, ese es un terreno donde el acompañamiento profesional puede hacer una diferencia enorme.
De la exploración individual al encuentro con tu pareja
Cuando conoces tu propio mapa — qué tipo de tacto te gusta, a qué velocidad, con qué presión, en qué zonas, con qué progresión — tienes algo que muchas mujeres no tienen: la capacidad de guiar a tu pareja.
Porque una de las quejas más frecuentes que escucho en consulta es: “mi pareja no sabe cómo tocarme” o “me estimula demasiado fuerte” o “va directo al clítoris sin calentamiento”. Y la realidad es que tu pareja no tiene por qué saberlo — cada mujer es diferente, y lo que le gustaba a otra persona no tiene por qué gustarte a ti. La comunicación empieza por el autoconocimiento. Y este ejercicio es la base de esa comunicación.
Cuándo buscar ayuda
Si durante la exploración sientes dolor persistente en la zona del clítoris. Si la estimulación no te produce ninguna sensación, o si sientes que tu clítoris está “dormido”. Si el ejercicio te genera angustia, rechazo intenso o flashbacks de experiencias difíciles. Si llevas tiempo sin poder llegar al orgasmo y no entiendes por qué.
Cualquiera de estas situaciones puede trabajarse. En mi consulta utilizo focalización sensorial, regulación del sistema nervioso, terapia Gestalt y trabajo con la conciencia corporal para ayudar a mujeres que quieren reconectar con su placer — o que necesitan resolver algo que se interpone entre ellas y su cuerpo.
Atiendo en consulta presencial en Pamplona y también en formato online para toda España. La primera sesión es confidencial, sin juicios y a tu ritmo.
Vidal Higuera — Psicólogo y Sexólogo Clínico
Etiquetas: Educación Sexual, Masaje, Pamplona, sexología, Tantra





