Si te duele el sexo, hay algo que necesitas escuchar antes que cualquier explicación médica: no tienes que aguantarlo. No es normal. No es “cosa de mujeres”. Y no tienes que seguir adelante como si nada mientras tu cuerpo te está pidiendo a gritos que pares.

Muchas mujeres viven con dolor durante las relaciones sexuales y no se lo dicen a nadie. Ni a su pareja, ni a su médico, ni a sus amigas. Algunas porque creen que es normal — que “así es al principio” o que “con el tiempo se pasa”. Otras porque sienten vergüenza. Y otras porque ya fueron al médico y les dijeron que “todo está bien físicamente” — y se quedaron sin respuesta y sin saber qué hacer.

Si estás en cualquiera de esas situaciones, este artículo es para ti.


Dolor durante el sexo: un problema mucho más frecuente de lo que crees

El dolor durante la penetración — lo que en medicina se llama dispareunia — es una de las dificultades sexuales más comunes en las mujeres. Se estima que hasta un 30% de las mujeres lo experimenta en algún momento de su vida. No es raro. No es excepcional. Y sobre todo: no es algo con lo que tengas que resignarte a vivir.

El dolor puede presentarse de muchas formas: escozor, ardor, quemazón, sensación cortante, presión incómoda o una molestia sorda que persiste después de la relación. Puede aparecer solo al inicio de la penetración o mantenerse durante todo el acto. Puede ocurrir en ciertas posturas y no en otras. Puede ser constante o aparecer y desaparecer sin patrón claro.

Y puede sentirse en lugares diferentes: en la entrada de la vagina, en las paredes vaginales, en la zona profunda de la pelvis. Cada localización puede indicar una causa distinta — y entender dónde duele es el primer paso para entender por qué duele.


Las causas físicas: lo que hay que descartar primero

Antes de hablar de las causas psicológicas, es importante ser honesta contigo misma y con tu profesional de salud: el dolor durante el sexo puede tener causas físicas que necesitan atención médica. No todo es “de la cabeza”, y una buena evaluación empieza por descartar lo orgánico.

Falta de lubricación. Es la causa más frecuente y la más infravalorada. Si el cuerpo no ha tenido tiempo suficiente para completar su proceso de excitación — si el clítoris no ha tenido su erección interna, si los bulbos vestibulares no se han llenado de sangre, si las paredes vaginales no han empezado a lubricar — la penetración va a producir fricción, y la fricción sin lubricación es dolor. Esto no es una enfermedad: es un cuerpo que no estaba preparado.

Infecciones e irritaciones. Infecciones vaginales (candidiasis, vaginosis), infecciones urinarias, irritaciones por productos de higiene íntima, alergias a preservativos o espermicidas — todo esto puede producir dolor que se intensifica con el contacto sexual.

Cambios hormonales. La menopausia, la lactancia, ciertos anticonceptivos hormonales — cualquier situación que reduzca los estrógenos puede causar sequedad vaginal y atrofia de la mucosa, haciendo la penetración dolorosa.

Endometriosis y patología pélvica. El dolor profundo — el que se siente “por dentro”, en la pelvis — puede estar relacionado con endometriosis, quistes ováricos, adherencias o inflamación pélvica. Estas causas requieren evaluación ginecológica.

Problemas del suelo pélvico. Una musculatura pélvica con exceso de tensión (hipertonía) puede hacer que la entrada vaginal se estreche y que la penetración sea dolorosa. Esto está a menudo relacionado con el vaginismo — una contracción involuntaria de los músculos que rodean la vagina.

Si tienes dolor durante el sexo y no te han hecho nunca una evaluación ginecológica específica para esto, ese es el primer paso. Pero si la evaluación sale normal — si te dicen que “no tienes nada” — no significa que el dolor no sea real. Significa que la causa no es exclusivamente física.


Las causas que nadie mira: lo que ocurre por debajo del dolor

Aquí es donde mi trabajo como sexólogo entra en juego. Porque en mi experiencia clínica, la mayoría de los casos de dolor durante el sexo que llegan a consulta tienen un componente que va más allá de lo puramente físico. Y ese componente suele estar en alguna de estas áreas:

Tu sistema nervioso no está en modo entrega. Como hemos visto en artículos anteriores, la excitación sexual necesita que el sistema nervioso parasimpático tome el mando. Si tu cuerpo está en modo alerta — por estrés, por ansiedad, por miedo al dolor — el simpático manda, la lubricación no llega, la vagina se tensa en lugar de abrirse, y la penetración duele. Y una vez que has experimentado dolor, tu cuerpo empieza a anticiparlo: antes de cada relación, tu sistema nervioso se prepara para lo que espera que va a doler. Es un círculo vicioso que se alimenta solo.

Experiencias pasadas que tu cuerpo recuerda. No hace falta haber vivido un trauma grave para que el cuerpo asocie la penetración con algo negativo. Una primera experiencia sexual dolorosa, un encuentro donde no te sentiste respetada, relaciones en las que aguantaste dolor sin decir nada, una exploración ginecológica especialmente desagradable — cualquiera de estas experiencias puede dejar una huella en el cuerpo que se activa cada vez que la situación se repite. El cuerpo se protege contrayéndose. Y esa contracción es dolor.

Una educación que asoció sexualidad con peligro. Mensajes del tipo “la primera vez duele”, “las mujeres tienen que aguantar”, “si te abres te van a hacer daño” — estos mensajes se instalan en el cuerpo aunque la mente ya los haya descartado. Y se expresan como tensión, como cierre, como un cuerpo que no se permite la entrega.

La relación de pareja. La calidad de la relación afecta directamente a lo que pasa en el cuerpo. Si hay distancia emocional, si hay conflictos no resueltos, si no te sientes deseada o segura, si hay presión para tener relaciones que realmente no quieres tener — todo eso se traduce en un cuerpo que no se abre. No porque no pueda, sino porque no se siente seguro para hacerlo.

Falta de estimulación suficiente. Esto es algo que muchas mujeres no se atreven a decir en voz alta: la penetración llega demasiado pronto. No ha habido suficiente tiempo de caricias, de juego, de estimulación del clítoris y los labios. La erección interna del clítoris no se ha completado, la lubricación no es suficiente, la vagina no se ha dilatado. Y se pasa directamente al coito como si el cuerpo estuviera preparado cuando no lo está. Esto no es un problema tuyo — es un problema de dinámica sexual que se puede cambiar.


Lo que no deberías hacer

Aguantar. Cada vez que aprietas los dientes y sigues adelante con una penetración que duele, le estás confirmando a tu cuerpo que el sexo es algo que hay que soportar. Y tu cuerpo aprende: la próxima vez se tensará antes incluso de que empiece.

Usar solo lubricante como solución. El lubricante ayuda, pero si la causa es tensión muscular, ansiedad o falta de excitación, el lubricante tapa el problema sin resolverlo.

Pensar que es “normal” porque siempre ha sido así. Si llevas años con dolor durante el sexo y lo has normalizado, no es que tu cuerpo sea “así”. Es que llevas años necesitando ayuda que no has tenido.


Lo que hago en consulta

Cuando una mujer llega a mi consulta con dolor durante las relaciones sexuales, lo primero que hago es una evaluación completa — no solo de lo que pasa en el sexo, sino de su historia, su cuerpo, su relación y su forma de vivir la sexualidad.

A partir de ahí, el trabajo integra varias dimensiones:

Regulación del sistema nervioso. Enseñar al cuerpo a pasar del modo alerta al modo seguridad antes y durante el encuentro sexual. Esto se trabaja con técnicas específicas de respiración, propiocepción y conciencia corporal que cambian la respuesta fisiológica.

Focalización sensorial progresiva. Ejercicios graduales — solos o en pareja — para reconectar con el tacto genital sin penetración y sin dolor. Se trata de reconstruir la asociación entre contacto genital y placer, deshaciendo la asociación con dolor.

Trabajo corporal y emocional desde la Gestalt. Explorar qué hay debajo del dolor — qué miedos, qué creencias, qué experiencias están sosteniendo la respuesta de contracción. Muchas mujeres descubren en este proceso cosas que llevan años sin mirar — y ahí es donde empieza el cambio real.

Trabajo con la pareja. Cuando la pareja participa, se trabaja la comunicación sexual, los ritmos, la estimulación previa y la capacidad de parar cuando algo no se siente bien — sin culpa, sin frustración, sin presión.

El dolor durante el sexo tiene solución. No en todos los casos en una sola sesión, pero sí en un proceso que tiene un camino claro y resultados reales.


No tienes que seguir aguantando

Si llevas tiempo viviendo con dolor durante las relaciones sexuales — si has dejado de disfrutar, si evitas el sexo, si sientes que tu cuerpo se cierra cada vez que anticipas la penetración — mereces ayuda. Y mereces una ayuda que no se limite a decirte que “te relajes”.

Atiendo en consulta presencial en Pamplona, y también en formato online para toda España. La primera sesión es confidencial, sin juicios y a tu ritmo.

Vidal Higuera — Psicólogo y Sexólogo Clínico

Etiquetas: , ,

¡Síguenos en Facebook!

On this website we use first or third-party tools that store small files (<i>cookie</i>) on your device. Cookies are normally used to allow the site to run properly (<i>technical cookies</i>), to generate navigation usage reports (<i>statistics cookies</i>) and to suitable advertise our services/products (<i>profiling cookies</i>). We can directly use technical cookies, but <u>you have the right to choose whether or not to enable statistical and profiling cookies</u>. <b>Enabling these cookies, you help us to offer you a better experience</b>.