Ene
2024
Hay un texto que lleva más de dos mil años hablando del deseo, del cuerpo, de la piel y del anhelo entre dos amantes — y forma parte de la Biblia. Se llama el Cantar de los Cantares. Y dice cosas que muchas parejas actuales han olvidado cómo decirse.
“Béseme con los besos de su boca, tus amores son más dulces que el vino.” — Cantar de los Cantares 1, 2
No es metáfora suavizada. No es un eufemismo piadoso. Es poesía erótica en estado puro — y la tradición cristiana decidió incluirla en el corazón de su canon sagrado. Ese hecho, por sí solo, ya dice algo profundo: que la pasión entre los amantes no fue vista como algo que corregir o trascender, sino como algo que celebrar.
Este artículo no es un estudio bíblico. Es una reflexión desde la sexología clínica y la terapia de pareja sobre lo que este poema antiguo puede enseñarnos hoy. Porque lo que el Cantar describe — el deseo que busca, el cuerpo que se ofrece, la pasión que no se avergüenza de sí misma — es exactamente lo que muchas parejas necesitan recuperar.
¿Qué es el Cantar de los Cantares?
El Cantar de los Cantares (también llamado Cantar de Salomón o Shir HaShirim) es un poema bíblico que forma parte del Antiguo Testamento y del Tanaj judío. Se compone de un diálogo erótico entre dos amantes — un hombre y una mujer — que se buscan, se desean y se celebran mutuamente. Es uno de los textos más singulares de la Biblia: no menciona a Dios explícitamente y describe el deseo sexual humano con una naturalidad que sorprende incluso hoy.
Tradicionalmente atribuido al rey Salomón y datado entre los siglos X y III a. C., el poema ha sido leído a lo largo de la historia desde dos perspectivas: como alegoría del amor entre Dios y el alma —o entre Cristo y la Iglesia— y como lo que también es a primera vista: una celebración literal del amor erótico entre dos personas. Ambas lecturas conviven en la tradición.
¿Por qué un poema erótico está incluido en la Biblia?
Lo primero que llama la atención al leer el Cantar de los Cantares es su absoluta naturalidad con el cuerpo y el deseo. La amada describe el cuerpo de su amado con admiración sin filtro. El amado recorre con palabras el cuerpo de ella — los pechos, las caderas, el vientre, la boca — con una sensualidad que no necesita justificarse. No hay culpa. No hay pudor impostado. No hay separación entre lo sagrado y lo sensual.
“Tus dos pechos, dos crías mellizas de gacela que pacen entre rosas.” “Se asemeja tu talle a una palmera y tus pechos a racimos. Me dije: treparé a la palmera, cosecharé sus dátiles.”
Este lenguaje no es accidental ni decorativo. Es la expresión de una concepción del amor en la que el eros — la atracción, el deseo, la pasión del cuerpo — no está separado del amor profundo. Es parte de él. Es una de sus dimensiones esenciales.
Que un texto así esté en el corazón del canon bíblico es, en sí mismo, una afirmación teológica importante: el deseo entre los amantes no es un residuo que la espiritualidad debe corregir, sino una experiencia humana digna de celebración.
¿Qué dice la tradición cristiana sobre el deseo y la pasión?
Existe un malentendido muy extendido que ha hecho mucho daño a la vivencia de la sexualidad en la cultura occidental: la idea de que la tradición espiritual — particularmente la cristiana — ve el cuerpo y el deseo como enemigos del alma. Como algo inferior que hay que dominar o, en el mejor de los casos, tolerar.
El Cantar de los Cantares desmiente esa lectura desde dentro mismo de la tradición.
El filósofo francés Gustave Thibon — católico, pensador del amor humano y una de las mentes más lúcidas sobre la relación entre eros y ágape — lo expresó con una claridad que sigue siendo necesaria: el error no está en la pasión, sino en una pasión que se desvincula del compromiso y de la entrega. Lo que degrada el amor no es el deseo, sino el deseo sin rostro — el deseo que no mira al otro como persona, que consume sin vincularse. (Profundizo en su pensamiento en el artículo Sobre el amor humano: los cuatro pilares según Thibon).
Thibon entendía que el amor verdadero no suprime el eros: lo integra. No lo domestica hasta vaciarlo, sino que le da un cauce donde puede crecer sin destruir. La pasión dentro de la pareja comprometida no es una concesión a la debilidad humana — es una expresión legítima del vínculo, tan necesaria como la ternura, el respeto o la fidelidad.
El Cantar refleja exactamente eso: dos personas que se desean, se buscan, se admiran corporalmente — y lo hacen dentro de un vínculo que los sostiene. No hay promiscuidad en este poema. Hay una intensidad erótica enorme, sí, pero dirigida, nombrada, celebrada entre dos.
¿Qué pueden aprender hoy las parejas del Cantar de los Cantares?
Desde mi práctica como sexólogo clínico y terapeuta de pareja, encuentro que muchas parejas tienen un problema que el Cantar resuelve sin esfuerzo: han separado el amor del deseo.
Se quieren, sí. Se respetan. Se cuidan. Pero la pasión — el fuego erótico, la admiración corporal, el anhelo del cuerpo del otro — se ha ido apagando. Y a menudo, en lugar de trabajar para reavivarla, se resignan. Como si la pasión fuera solo cosa de las primeras etapas y lo maduro fuera una convivencia afectuosa pero tibia. Es lo que veo con frecuencia en consultas por deseo desigual en pareja.
El Cantar dice lo contrario:
“Es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo; sus dardos son dardos de fuego, llamaradas divinas.”
Eso no es la descripción de un sentimiento doméstico. Es la reivindicación de una intensidad que no tiene fecha de caducidad.
Hay cuatro elementos concretos que las parejas de hoy pueden tomar de este texto:
1. La admiración explícita del cuerpo del otro
El Cantar está lleno de descripciones corporales detalladas, dichas con asombro y deseo. ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a tu pareja lo que te gusta de su cuerpo? No como halago superficial, sino con la atención real de quien mira y se maravilla. La capacidad de admirar conscientemente el cuerpo del otro es una de las prácticas más simples y más poderosas para mantener viva la dimensión erótica del vínculo.
2. La búsqueda activa del otro
La amada busca al amado por las calles, de noche, sin resignarse a su ausencia. No espera pasivamente a que el deseo vuelva. Lo persigue. Lo nombra. En muchas parejas, el deseo muere no porque desaparezca, sino porque nadie sale a buscarlo.
3. La sensualidad que impregna lo cotidiano
En el Cantar, todo es sensorial: perfumes, sabores, texturas, paisajes. Los amantes no viven su deseo solo en la alcoba. Lo llevan consigo. Lo perciben en el viento, en las viñas, en la noche. Esa mirada — convertir la vida compartida en un espacio de sensualidad — es algo que las parejas pueden cultivar activamente. Recuperar el tacto consciente en la pareja es una de las vías más concretas para hacerlo.
4. La voz de la mujer que desea sin vergüenza
El Cantar es extraordinario por algo que en su contexto histórico era revolucionario: la mujer habla. Desea. Busca. Toma la iniciativa. No es objeto de deseo — es sujeto. Dice “yo soy de mi amado y él me busca con pasión”, pero también dice “ven, amado mío, salgamos al campo; allí te daré mis amores”. Esa reciprocidad del deseo — donde los dos buscan, los dos ofrecen, los dos reciben — es una de las bases de una sexualidad sana en pareja. Es esa misma fuerza —la mujer como sujeto pleno de su deseo— la que la terapia floral evoca al hablar de reverenciar la Afrodita que vive en cada mujer, como recoge el artículo Experiencias con «Amante Creativa».
¿Por qué muchas parejas separan el amor del deseo con el tiempo?
Si hay algo que este poema milenario puede recordarnos es esto: el deseo dentro de la pareja no es un residuo animal que hay que gestionar. Es una fuerza vital que, cuando se cuida, alimenta el vínculo en lugar de erosionarlo.
Thibon lo decía de otra manera: el amor humano verdadero no elige entre la altura y la profundidad — las habita las dos. Entre el compromiso y la pasión no hay contradicción. Hay tensión creativa. Y esa tensión es, precisamente, lo que hace que el amor esté vivo.
Las razones por las que muchas parejas separan el amor del deseo son comprensibles y reconocibles en consulta:
La domesticación del cuerpo del otro. Cuando convives durante años con alguien, su cuerpo deja de ser misterio. Lo conoces. Lo ves cada día. La novedad — que es uno de los grandes motores eróticos — se va perdiendo. Y nadie nos ha enseñado que esa novedad puede ser sustituida por algo más profundo: la atención consciente, la mirada renovada.
La separación entre “modo cuidador” y “modo amante”. Las parejas que cuidan a hijos, gestionan una casa, comparten responsabilidades, a menudo desarrollan un modo de relación funcional que va comiendo terreno al modo erótico. El cuerpo del otro pasa a ser el cuerpo del padre o la madre, del compañero logístico — y deja de ser el cuerpo del amante.
La ausencia de tiempo no instrumental. El deseo necesita espacio. Espacio para mirar, para tocar sin objetivo, para sentir sin que haya una agenda. En vidas saturadas, ese espacio simplemente desaparece.
El miedo a pedir. Muchas parejas han perdido el hábito de nombrar lo que desean. Por pudor. Por miedo al rechazo. Por costumbre. Y lo que no se nombra, lo que no se pide, lentamente deja de existir.
El problema de muchas parejas no es que se quieran poco. Es que han dejado de desearse. Han dejado de mirarse con asombro. Han dejado de buscarse con la urgencia con la que la amada del Cantar recorre la ciudad de noche buscando al amor de su alma.
¿Cómo se trabaja en sexología la recuperación del deseo en pareja?
Recuperar la dimensión erótica del vínculo no es un lujo. Es una necesidad relacional. Y es un trabajo que se puede hacer — con consciencia, con intención y, cuando hace falta, con acompañamiento profesional.
En mi consulta, el abordaje del deseo en pareja no se limita a hablar sobre lo que falta. Se trabaja desde el cuerpo: reconectar con la sensorialidad, con el tacto consciente, con la capacidad de estar presente con el otro de una forma que reactive el circuito del deseo.
Algunas de las herramientas concretas que se utilizan en este trabajo:
Foco sensorial (sensate focus). Una secuencia clásica de la sexología clínica que reaprende a tocar y a ser tocado sin la presión del rendimiento. Lo desarrollo en el artículo sobre la falta de excitación sexual en la mujer.
Trabajo con la respiración compartida. La respiración sincronizada activa el sistema nervioso parasimpático y crea las condiciones fisiológicas para la apertura erótica.
Exploración del contacto sin objetivo. El tacto consciente que no busca llegar a ninguna parte — que simplemente está presente — es a menudo lo que devuelve al cuerpo la capacidad de desear de nuevo. Alexander Lowen, desde la bioenergética, mostró que esa reconexión con la sensación corporal es la base de toda vitalidad — también la erótica.
Trabajo con la palabra erótica. Aprender a nombrar lo que se desea. A pedir. A decir lo que gusta. Esta dimensión, tan presente en el Cantar de los Cantares, es a menudo lo primero que se pierde — y lo que más cuesta recuperar.
Integración de los lenguajes del afecto. Identificar cómo cada uno da y recibe amor suele ser un paso previo necesario antes de poder volver a desearse.
Apoyo complementario con esencias florales cuando es pertinente. La terapia floral ofrece un acompañamiento sutil para los bloqueos emocionales que apagan el deseo, como recoge la serie Un jardín para la sexualidad y el amor.
Este trabajo se sostiene en la sexología somática, la terapia Gestalt aplicada a la pareja y el conocimiento del sistema nervioso autónomo. No son técnicas aisladas: son piezas de un mismo enfoque que entiende la sexualidad como una expresión integrada del cuerpo, la emoción y el vínculo.
Sobre el autor
Vidal Higuera es psicólogo, sexólogo clínico y terapeuta Gestalt. Acompaña a personas y parejas en procesos de recuperación del deseo, terapia sexual y trabajo del vínculo desde un enfoque integrador que combina sexología somática, terapia Gestalt, sensate focus, terapia floral y regulación del sistema nervioso autónomo. Consulta presencial en Pamplona y online para toda España.
Si sientes que en tu relación el deseo se ha apagado, que el cuerpo del otro ya no genera la misma atracción, o que la intimidad se ha convertido en una rutina que cumplir más que en un espacio de encuentro — eso tiene trabajo.
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Preguntas frecuentes sobre el Cantar de los Cantares y la pareja
¿El Cantar de los Cantares describe una relación sexual entre dos personas? Sí. A pesar de las lecturas alegóricas que ha recibido a lo largo de la historia, el sentido literal del texto describe un encuentro amoroso y erótico entre dos amantes que se buscan, se admiran y se desean mutuamente. La tradición cristiana y la judía han mantenido esta dualidad: lectura espiritual y lectura literal del amor humano coexisten.
¿Es contradictorio que la Biblia contenga un poema erótico? No, si se entiende la antropología bíblica completa. El Cantar de los Cantares afirma que el amor entre los amantes — incluido en su dimensión corporal y sexual — es parte de la creación buena. La tradición judeocristiana no condena el deseo en sí mismo, sino el deseo separado del vínculo y de la responsabilidad hacia el otro.
¿Qué relación tiene el Cantar de los Cantares con la filosofía de Gustave Thibon? Gustave Thibon, en su ensayo Sobre el amor humano, sostiene que el amor verdadero integra cuerpo y espíritu sin disociarlos. El Cantar de los Cantares es la expresión bíblica de esa misma intuición: el eros no es enemigo del amor maduro, sino una de sus dimensiones legítimas. Ambos textos afirman que la pasión dentro del compromiso no degrada el amor, sino que lo alimenta.
¿Se puede recuperar la pasión en una pareja que lleva muchos años junta? Sí. La pérdida del deseo en parejas estables raramente se debe a la falta de amor: suele responder a la rutina, a la ausencia de espacios sensoriales y a la desconexión corporal acumulada. Desde la sexología clínica se trabaja con herramientas concretas — foco sensorial, tacto consciente, regulación del sistema nervioso autónomo — para reactivar la dimensión erótica del vínculo.
¿Qué es la sexología somática y cómo ayuda a parejas que han perdido el deseo? La sexología somática es un enfoque clínico que trabaja la sexualidad desde el cuerpo, no solo desde la conversación. Utiliza la consciencia corporal, el tacto consciente, la respiración y la regulación del sistema nervioso para acceder a aspectos del deseo que el abordaje exclusivamente verbal no alcanza. Es especialmente útil cuando la pareja se quiere pero ha perdido la conexión erótica.
¿Necesito ser creyente para que este artículo me resulte útil? No. Aunque el Cantar de los Cantares es un texto religioso, su lectura clínica y poética puede aprovecharse desde cualquier orientación espiritual o desde ninguna. Lo que el poema afirma — que el deseo entre amantes es digno de celebración, que la mujer y el hombre desean por igual, que la pasión se cultiva con presencia y palabra — son afirmaciones humanas universales.
Etiquetas: Cantar de los Cantares, deseo en pareja, eros y ágape, pasión en pareja, sexología somática, sexualidad y espiritualidad, Thibon




