Ene
2024
Bajo deseo sexual: ¿Qué hacer cuando el cuerpo dice “no” aunque tú quieras decir “sí”?
by Sexologia Pamplona | in Sexología Clínica | 0 comments
Hay una frase que escucho mucho en consulta. La dice con cierta vergüenza, mirando hacia otro lado:
“Es que no me apetece. Y no sé por qué. Antes sí.”
A veces la dice ella. A veces él. A veces los dos, por separado, en la misma pareja.
El bajo deseo sexual es probablemente la disfunción más silenciada de todas. No duele de forma evidente, no tiene una causa visible, y durante mucho tiempo se confunde con algo que “simplemente te pasa con los años”, con el cansancio, con el estrés. O peor aún, se interpreta como una señal de que algo falla en la pareja, en uno mismo, o en el amor que un día parecía sólido.
Nada de eso es necesariamente cierto. Y hay mucho que se puede hacer.
¿Qué es exactamente el bajo deseo sexual?
El bajo deseo sexual es la reducción persistente o ausencia de fantasías eróticas, pensamientos sexuales y ganas de tener relaciones sexuales, que se mantiene en el tiempo y genera malestar real en la persona o en la pareja. En el ámbito clínico también se conoce como deseo sexual hipoactivo.
No hablamos de tener menos ganas un fin de semana de mucho trabajo. Hablamos de algo más persistente: una falta de impulso sexual sostenida durante semanas o meses, que la persona percibe como una pérdida respecto a su propia línea base anterior.
No es un capricho. No es falta de amor. Y, en la mayoría de los casos, tampoco es algo irreversible.
¿Es lo mismo el bajo deseo sexual en hombres que en mujeres?
Existe en hombres y en mujeres, aunque se manifiesta de forma diferente. En ellos suele ser más fácil de identificar por su contraste con lo que culturalmente “se supone” que deberían sentir — y esa misma expectativa social a menudo hace más difícil reconocerlo y pedir ayuda.
En ellas, con frecuencia viene acompañado de una falta de excitación general: el cuerpo no responde, la mente no viaja hacia ahí, y el sexo se convierte en algo que ocurre —cuando ocurre— más por obligación que por deseo genuino. En las mujeres es también más frecuente el deseo responsivo: un patrón en el que el deseo no aparece antes del encuentro sexual, sino durante él, una vez que el cuerpo ha empezado a activarse. Confundir este patrón con bajo deseo es uno de los errores más habituales que veo en consulta.
¿Cómo afecta el bajo deseo sexual a la pareja?
Cuando el deseo desaparece en uno de los dos miembros de la pareja —o en ambos de forma desigual—, suele activarse un mecanismo que, sin querer, lo empeora todo. Es lo que llamo el círculo del rechazo percibido, y lo desarrollo en profundidad en el artículo sobre deseo desigual en pareja.
En resumen, funciona así:
La persona con más deseo comienza a buscar acercamiento con más frecuencia. La otra, que ya no siente ese impulso, empieza a percibir esa búsqueda como presión. Para evitar que cualquier caricia desemboque en una relación sexual que no apetece, va retirando el contacto físico: menos besos, menos abrazos, menos roces. Solo por precaución.
El primero lo interpreta como rechazo. Se siente no deseado, invisible, irrelevante. El segundo se siente observado, juzgado, en deuda.
Y así, sin que nadie haya dicho nada hiriente ni hecho nada malo, los dos se van alejando. La distancia emocional crece. Y el deseo, si es que quedaba algo, termina de apagarse.
Este patrón es muy común. Y tiene solución.
¿Cuáles son las causas reales del bajo deseo sexual?
El bajo deseo sexual rara vez tiene una causa única. Casi siempre es la confluencia de varios factores que, juntos, han ido apagando poco a poco ese fuego. Las principales causas del bajo deseo sexual son:
1. Estrés crónico y agotamiento
El deseo sexual necesita espacio mental para existir. Cuando la cabeza está permanentemente ocupada —trabajo, hijos, preocupaciones económicas, pantallas— el erotismo simplemente no encuentra hueco. No es falta de ganas: es que no hay sitio. El sistema nervioso simpático sostenidamente activado bloquea fisiológicamente la respuesta sexual, que necesita un estado parasimpático para emerger. Profundizo en este mecanismo en el artículo sobre los nervios simpáticos y parasimpáticos de la excitación sexual. Cuando ese estrés deja de ser puntual y se cronifica, conviene mirarlo de frente: lo abordo desde el enfoque Gestalt en Comprendiendo el estrés.
2. Rutinización de la sexualidad
Siempre igual, siempre a la misma hora, siempre de la misma forma. La sexualidad necesita algo de novedad, de tensión creativa. Cuando se convierte en un trámite, deja de despertar.
3. Imagen corporal y autoestima dañadas
Es difícil desear desde la vergüenza. Muchas personas con bajo deseo no se sienten atractivas para su pareja —ni para sí mismas— y eso bloquea la conexión con el propio cuerpo antes de que empiece cualquier encuentro. Reconciliarse con el propio cuerpo es un trabajo emocional de fondo: el psicoterapeuta Eduardo Grecco describe bien estos bloqueos en Cinco maneras de sabotear el placer sexual.
4. El sexo vivido como obligación
Este es uno de los factores más frecuentes, especialmente en mujeres: el sexo ha dejado de ser un espacio de placer y se ha convertido en algo que se hace “para no crear problemas”. Y cuando el cuerpo aprende a asociar el sexo con la obligación, lo último que hace es desearlo.
5. Historia emocional de la relación
Las heridas no resueltas, los reproches acumulados, la falta de intimidad real fuera del dormitorio… Todo eso tiene un impacto directo en el deseo. El cuerpo no olvida lo que la mente intenta ignorar. La forma en que se da y se recibe afecto en lo cotidiano —lo que llamamos los cinco lenguajes del amor— condiciona profundamente el espacio erótico de la pareja.
6. Factores físicos y hormonales
La testosterona, los niveles de estrógeno, el funcionamiento tiroideo, algunos fármacos —especialmente antidepresivos ISRS y ciertos anticonceptivos hormonales—, enfermedades crónicas, dolor pélvico, menopausia y posparto. La biología también juega su papel y merece ser evaluada por el especialista médico correspondiente. En condiciones como la endometriosis, por ejemplo, el dolor crónico modifica directamente la disponibilidad del deseo.
¿Significa el bajo deseo que ya no amo a mi pareja?
No. Esto es importante decirlo con claridad: la ausencia de deseo no significa que no ames a tu pareja. No significa que seas “frío” o “fría”. No significa que algo esté roto en ti de forma permanente.
Lo que sí significa es que algo —en ti, en la relación, en el contexto de tu vida— necesita atención. Y eso, lejos de ser una mala noticia, es en realidad el primer paso para que las cosas cambien.
La persona que llega a consulta diciendo “ya no siento nada” casi nunca está diciendo la verdad completa. Lo que ha pasado, en la mayoría de los casos, es que el deseo ha quedado enterrado bajo capas de cansancio, resentimiento, vergüenza o desconexión. Sigue ahí. Necesita ser encontrado.
¿Cómo se trata el bajo deseo sexual en terapia?
El tratamiento del bajo deseo sexual no es un protocolo genérico que se aplica igual a todo el mundo. Es un trabajo personalizado que empieza por entender tu historia, tu cuerpo, tu pareja y tu contexto.
En mi consulta trabajo desde un enfoque integrador que combina sexología clínica, terapia Gestalt, sexología somática y regulación del sistema nervioso autónomo. Eso significa que no me limito a dar pautas cognitivas —aunque las hay— sino que también trabajo con el cuerpo, con las emociones y con la relación en su conjunto.
Algunos de los elementos que suelen formar parte del proceso:
Educación sexual real, sin mitos ni tabúes. Desmontar creencias que llevan años bloqueando el deseo: la idea de que el deseo “debería” aparecer de cierta forma, la confusión entre deseo espontáneo y responsivo, los mitos sobre la sexualidad masculina y femenina.
Trabajo con la autoestima y la imagen corporal. Recuperar la conexión con el propio cuerpo como fuente de placer, no como objeto que se evalúa.
Focalización sensorial (sensate focus). Una técnica clásica de la sexología clínica que ayuda a la pareja a reconectar desde el tacto y la presencia, sin presión hacia el rendimiento. La desarrollo en el artículo sobre la falta de excitación sexual en la mujer.
Reactivación del tacto consciente. Devolver al cuerpo del otro la condición de territorio de presencia, no solo de objeto sexual ni de cuerpo del compañero logístico.
Abordaje de la dinámica de pareja. Trabajar los patrones de alejamiento, el vínculo emocional, los conflictos no resueltos y la comunicación de las necesidades sexuales —que muchas parejas llevan años sin atreverse a poner en palabras.
Regulación del sistema nervioso autónomo. El deseo emerge en estados parasimpáticos. Aprender a salir del modo “supervivencia” es muchas veces el cambio fisiológico que abre la puerta a todo lo demás.
Apoyo complementario con esencias florales cuando es pertinente. La terapia floral ofrece un acompañamiento sutil para los bloqueos emocionales que apagan el deseo, como recoge la serie Un jardín para la sexualidad y el amor.
Exploración de causas físicas. Derivar al especialista médico cuando hay indicios claros de una base hormonal, farmacológica o médica.
El objetivo no es recuperar el deseo que tenías a los veinte años. Es construir una sexualidad adulta, consciente y satisfactoria, acorde con quien eres hoy.
¿Cuándo conviene consultar con un sexólogo por bajo deseo?
Conviene buscar ayuda profesional cuando el bajo deseo sexual lleva más de tres meses, genera malestar personal o tensiones de pareja, o cuando ya has intentado solucionarlo por tu cuenta sin resultados. También cuando aparece bruscamente después de un evento concreto —un parto, una pérdida, un cambio laboral, el inicio de una medicación— y no remite con el tiempo.
No hace falta esperar a que la situación sea crítica. De hecho, cuanto antes se aborde, más fácil suele ser el trabajo. El deseo que lleva meses dormido se reactiva con más facilidad que el que lleva años bajo capas de resentimiento y desconexión.
Sobre el autor
Vidal Higuera es psicólogo, sexólogo clínico y terapeuta Gestalt. Especializado en bajo deseo sexual, deseo desigual en pareja, terapia sexual y trabajo somático con la sexualidad. Acompaña a personas y parejas desde un enfoque integrador que combina sexología clínica, terapia Gestalt, sensate focus, terapia floral y regulación del sistema nervioso autónomo. Consulta presencial en Pamplona y online para toda España.
Si has llegado hasta aquí, probablemente algo de lo que has leído te ha resonado.
El bajo deseo sexual mejora. Con tiempo, con el enfoque adecuado, y con el acompañamiento correcto, muchas personas y parejas recuperan una vida sexual que vuelve a sentirse como algo propio, no como una obligación ni como un problema.
El primer paso es siempre el más difícil: reconocer que algo no va bien y decidir pedir ayuda.
Si te has reconocido en algo de lo que acabas de leer, quiero decirte una cosa: esto tiene solución mucho más a menudo de lo que crees, y no eres un caso raro. En la terapia sexual no trabajo solo el síntoma, sino a la persona completa —tu cuerpo, tus emociones y tu sistema nervioso—. 📩 Escríbeme aquí y hablamos —La primera consulta es un espacio seguro, sin juicios y sin presiones. Atiendo en Pamplona de forma presencial y también online para toda España.
Vidal Higuera — Psicólogo y Sexólogo Clínico
Preguntas frecuentes sobre el bajo deseo sexual
¿Bajo deseo sexual y deseo sexual hipoactivo son lo mismo? Sí. Deseo sexual hipoactivo es el término clínico tradicional para referirse al bajo deseo sexual cuando es persistente y genera malestar. Aunque hoy en sexología se prefieren denominaciones menos patologizantes, ambos términos describen el mismo fenómeno: una reducción significativa y mantenida del deseo sexual respecto a la propia línea base.
¿Es normal perder el deseo sexual después de años de pareja? Es frecuente que el deseo cambie a lo largo de una relación larga, pero “frecuente” no significa inevitable. La pérdida marcada de deseo en parejas estables suele responder a la rutinización, la desconexión emocional, el estrés crónico acumulado y la ausencia de espacios sensoriales — todos ellos factores trabajables en terapia sexual.
¿Los antidepresivos producen bajo deseo sexual? Algunos antidepresivos, especialmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), pueden reducir el deseo sexual, la excitación y la capacidad orgásmica como efecto secundario. Si sospechas que tu medicación puede estar influyendo en tu deseo, conviene hablarlo con el psiquiatra o médico prescriptor antes de hacer cualquier cambio. Existen alternativas farmacológicas con menor impacto sexual en muchos casos.
¿Puede el bajo deseo sexual ser un síntoma de algo más? Sí. El bajo deseo sexual puede ser síntoma de cuadros depresivos o ansiosos, alteraciones hormonales (tiroides, testosterona, estrógenos), efectos secundarios de fármacos, enfermedades crónicas, dolor pélvico, o de procesos vitales como la menopausia y el posparto. Por eso una buena valoración sexológica siempre incluye descartar causas médicas cuando hay indicios.
¿Cuánto tarda en notarse mejora en terapia sexual? Depende del caso, pero la mayoría de personas notan cambios significativos entre la sesión 6 y la 12 cuando hay implicación real en el proceso. Los cambios iniciales suelen ser sutiles: mayor consciencia corporal, menos presión, más capacidad de pedir y nombrar lo que se necesita. La recuperación del deseo como tal suele ser consecuencia de esos cambios previos, no el primer paso.
¿Se puede recuperar el deseo después de años sin sexo en pareja? Sí, aunque el trabajo es más profundo cuanto más tiempo lleva la pareja sin contacto sexual. La clave no suele estar en “volver a tener sexo” directamente, sino en restaurar antes el tacto consciente, la sensorialidad cotidiana y la palabra erótica que se haya perdido. La sexualidad vuelve cuando vuelve el clima que la sostiene.
¿Cuál es la diferencia entre deseo espontáneo y deseo responsivo? El deseo espontáneo es el que aparece por sí solo, sin estímulo previo: “tengo ganas, busco a mi pareja”. El deseo responsivo aparece como respuesta a un estímulo erótico (un beso, una caricia, un contexto íntimo): “no tenía ganas, pero al empezar he sentido que sí”. Ambos son patrones normales. Muchas personas —especialmente mujeres— tienen deseo responsivo y se diagnostican erróneamente bajo deseo cuando lo que necesitan es entender cómo funciona su propio circuito de deseo.timo): “no tenía ganas, pero al empezar he sentido que sí”. Ambos son patrones normales. Muchas personas —especialmente mujeres— tienen deseo responsivo y se diagnostican erróneamente bajo deseo cuando lo que necesitan es entender cómo funciona su propio circuito de deseo.
Etiquetas: bajo deseo sexual, deseo sexual hipoactivo, recuperar el deseo, sensate focus, sexología clínica, sexología somática, Terapia de Pareja





