Mar
2026
Cuando uno quiere más que el otro
Uno de los conflictos más silenciosos y erosionadores en una relación de pareja no es una infidelidad, ni una gran discusión. Es algo mucho más cotidiano: que uno tenga ganas y el otro no. Siempre. O casi siempre.
El deseo sexual asimétrico —cuando los niveles de deseo de dos personas no coinciden— es una de las consultas más frecuentes en terapia de pareja y sexología. Y también una de las que más daño hace en silencio, porque toca la autoestima de los dos, genera distancia emocional y, con el tiempo, puede convertirse en un muro invisible entre dos personas que todavía se quieren.
Si te identificas con esta situación, desde cualquiera de los dos lados, este artículo es para ti.
¿Qué es el deseo sexual desigual en la pareja?
El deseo sexual desigual o asimétrico es la situación en la que los dos miembros de una pareja tienen niveles de deseo que no coinciden en frecuencia o intensidad; no es en sí mismo un problema, sino cuando esa diferencia se cronifica, genera sufrimiento o contamina otras áreas de la relación.
Lo primero que hay que desmitificar es la idea de que una pareja con buena sexualidad tiene que desear lo mismo, al mismo tiempo y con la misma intensidad. Eso no existe. El deseo sexual es una experiencia profundamente individual, variable y dependiente de miles de factores internos y externos.
El deseo bajo no es siempre el “problema”. Ni el deseo alto es necesariamente “lo normal”. Ambos son puntos de un espectro, y lo que importa no es a cuánto equivale cada uno, sino cómo lo vive la pareja y qué significado le da.
¿Cómo vive cada miembro de la pareja el deseo desigual?
El deseo desigual duele desde los dos lados: quien tiene más deseo suele vivir frustración, sensación de rechazo y dudas sobre su atractivo; quien tiene menos carga con culpa, sensación de fallar y presión interna ante cada acercamiento.
Quien tiene más deseo suele vivir una mezcla de frustración, sensación de rechazo y, con el tiempo, dudas sobre su atractivo o sobre el estado real de la relación. “¿Ya no le atraigo?” “¿Cuánto tiempo más puedo aguantar esto?” A menudo, acaban reduciendo sus peticiones para no sentirse rechazados, o las hacen de una forma que genera más presión aún.
Quien tiene menos deseo carga con su propia versión del problema: culpa, sensación de fallar a su pareja, presión interna cada vez que intuye que el otro “quiere algo”, y a veces un rechazo que va más allá del sexo y que toca algo más profundo: el agotamiento, la desconexión, o un malestar emocional que no sabe cómo nombrar.
Con el tiempo, la dinámica se retroalimenta. Cuanta más presión siente quien tiene menos deseo, menos apetencia aparece. Y cuanta menos iniciativa recibe quien tiene más, más ansiedad y más insistencia. Es un círculo que puede romperse, pero raramente solo.
¿Qué hay detrás del deseo sexual bajo?
El deseo sexual no funciona como un grifo que se abre o se cierra por voluntad: es el resultado de la interacción de factores físicos y hormonales, emocionales y psicológicos, relacionales y contextuales. Comprender cuál de ellos está alimentando el deseo bajo es el primer paso para trabajarlo.
Factores físicos y hormonales: cambios hormonales (posparto, perimenopausia, anticonceptivos, testosterona baja en hombres), fatiga crónica o falta de sueño, dolor durante el sexo que lleva a evitarlo inconscientemente, y efectos secundarios de algunos medicamentos, especialmente antidepresivos.
Factores emocionales y psicológicos: estrés sostenido o ansiedad crónica, depresión o estados emocionales difíciles, baja autoestima o mala relación con el propio cuerpo, y experiencias pasadas no resueltas.
Factores relacionales: conflictos no resueltos en la pareja, falta de conexión emocional (el deseo necesita un puente emocional para circular), rutina y previsibilidad en los encuentros sexuales, y dinámicas de poder asimétricas o sensación de no ser escuchado.
Factores contextuales: exceso de responsabilidades (trabajo, hijos, cuidado de familiares), falta de tiempo y espacio real para la intimidad, y ausencia de momentos de conexión fuera del sexo.
Comprender qué está alimentando el deseo bajo —o el deseo excesivamente alto, que también puede ser un síntoma— es el primer paso para trabajarlo de forma efectiva. Lo desarrollo en detalle en el artículo sobre el bajo deseo sexual.
¿Por qué el deseo masculino y el femenino no funcionan igual?
El deseo masculino tiende a ser más lineal y reactivo —se activa con relativa rapidez ante estímulos físicos, con menos dependencia del contexto—, mientras que el deseo femenino es más cíclico y contextual, profundamente ligado al estado del sistema nervioso autónomo y al clima emocional de la relación.
Hay algo que pocas parejas conocen y que, cuando lo comprenden, cambia por completo la forma en que se ven el uno al otro.
El deseo masculino tiende a ser más lineal y reactivo. Responde con mayor facilidad a estímulos físicos y visuales, y no depende tanto del contexto emocional previo para activarse. En términos del sistema nervioso, se enciende con relativa rapidez y de forma más predecible.
El deseo femenino, en cambio, es más cíclico y contextual. Está profundamente ligado al estado del sistema nervioso autónomo: cuando hay activación simpática —estrés, tensión, sobrecarga mental— el deseo tiende a inhibirse. Es en el estado parasimpático —calma, seguridad, conexión emocional— donde el deseo femenino encuentra el terreno para florecer. Este patrón cambia, además, a lo largo del mes, porque depende de las hormonas ováricas: por eso conocer el propio ciclo menstrual ayuda a entender las variaciones del deseo.
Esto significa que, en muchas parejas, no hay un problema de deseo: hay dos sistemas de deseo distintos funcionando en paralelo, sin que nadie les haya enseñado a entenderse. Uno puede estar listo en minutos; el otro necesita que las condiciones emocionales y relacionales estén dadas. Ninguno de los dos es incorrecto.
Cuando una pareja comprende esto —sin culpa, sin etiquetas— muchas veces la dinámica cambia sola. Porque el rechazo ya no se vive como falta de amor, y la iniciativa ya no se interpreta como presión. Es solo que están hablando idiomas distintos, y aprender a traducirlos es posible.
¿Cuál es el error más común que cometen las parejas?
El error más común ante el deseo desigual es abordarlo de forma reactiva —en el momento del rechazo o la discusión— o no abordarlo en absoluto; en ambos casos el resultado es más distancia, más resentimiento y más miedo a tocar el tema.
La mayoría de parejas que llegan a consulta por esta razón llevan meses —a veces años— intentando resolver el problema de la misma manera, y con el mismo resultado: más distancia, más resentimiento, más miedo a tocar el tema.
Lo que no suelen hacer —y es lo que marca la diferencia— es salir del bucle del sexo para entender qué está pasando debajo. Porque casi siempre, el deseo desigual es el síntoma de algo más: una desconexión emocional, un agotamiento que no se está nombrando, una necesidad que no se está pidiendo, o una historia individual que está influyendo en la dinámica compartida.
¿Cómo ayuda la terapia de pareja con el deseo desigual?
El trabajo terapéutico con el deseo desigual pasa por varios niveles: comprensión sin culpa, atención al trabajo individual dentro de la pareja, reconexión fuera del sexo, replanteamiento del guion sexual y herramientas concretas de comunicación y reconexión corporal.
Comprensión sin culpa. El objetivo inicial es que los dos miembros puedan entender qué está ocurriendo sin señalar al otro como el problema. No hay un culpable. Hay una dinámica que necesita cambiar.
Trabajo individual dentro de la pareja. A veces, el deseo bajo responde a algo propio de una persona —su historia, su cuerpo, sus creencias sobre el sexo— que necesita atención específica, sin que el otro lo viva como un fracaso personal.
Reconectar fuera del sexo. El deseo no nace de la nada: necesita nutrición emocional, contacto, presencia. Una parte importante del proceso es recuperar la conexión en el día a día —incluido el tacto no sexual como base del vínculo— antes de volver a abordar la intimidad sexual.
Replantear la sexualidad de la pareja. Muchas veces, el problema no es solo la frecuencia sino el guion: qué se hace, cómo, quién inicia, qué cuenta como “sexo”. Ampliar ese mapa puede aliviar la presión y abrir posibilidades que la pareja ni siquiera había explorado. Es lo que ocurre cuando se aborda la insatisfacción sexual en la pareja desde la reciprocidad.
Herramientas concretas. El trabajo terapéutico no es solo hablar. Incluye propuestas prácticas, ejercicios de sensibilización, técnicas de comunicación y, cuando es pertinente, recursos de la sexología somática y la terapia Gestalt para reconectar con el cuerpo y las emociones. La calidad de esa comunicación es decisiva: las actitudes que unen y separan en la pareja que describe la investigación de Gottman marcan la diferencia entre una conversación que acerca y una que aleja.
¿Por qué no conviene esperar a que se resuelva solo?
El deseo desigual raramente mejora con el tiempo si no se aborda: lo habitual es lo contrario —la brecha se agranda, la comunicación se deteriora y lo que empezó como un problema sexual se convierte en un problema de pareja más amplio—.
Pedir ayuda no significa que la relación esté en crisis. Significa que te importa lo suficiente como para no dejarlo ir.
Si te has reconocido en alguna parte de este artículo —desde el lado del deseo alto o el bajo— puede ser el momento de dar el paso de una primera consulta. Es un espacio sin juicios, confidencial, donde puedes contar lo que ocurre a tu ritmo. No hace falta que la pareja venga desde el principio: muchas personas empiezan solas y la pareja se incorpora más adelante.
Sobre el autor
Vidal Higuera es psicólogo, sexólogo clínico y terapeuta Gestalt. Especializado en terapia de pareja, deseo sexual y vínculo, deseo desigual, bajo deseo y reconexión erótica y emocional. Acompaña a personas y parejas desde un enfoque integrador que combina sexología clínica, terapia Gestalt, focalización sensorial, Masaje Sensitivo Gestáltico y regulación del sistema nervioso autónomo. Consulta presencial en Pamplona y también online para toda España.
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Preguntas frecuentes sobre el deseo desigual en la pareja
¿Es normal que en una pareja uno tenga más deseo que el otro? Sí, es completamente normal. El deseo sexual es una experiencia individual y variable, y prácticamente ninguna pareja desea con la misma frecuencia e intensidad de forma sostenida. La diferencia de deseo solo se convierte en un problema cuando se cronifica, genera sufrimiento o empieza a deteriorar otras áreas de la relación.
¿Por qué mi pareja no tiene ganas de sexo? El deseo bajo puede tener muchas causas, y normalmente es una combinación: factores físicos y hormonales (fatiga, posparto, perimenopausia, medicación), emocionales (estrés, ansiedad, baja autoestima, experiencias no resueltas), relacionales (conflictos, rutina, falta de conexión) y contextuales (exceso de responsabilidades, falta de tiempo para la intimidad). Rara vez se debe a falta de amor o de atracción.
¿Es verdad que el deseo masculino y el femenino son diferentes? En términos generales, sí, aunque con mucha variabilidad individual. El deseo masculino suele ser más lineal y reactivo: se activa con relativa rapidez ante estímulos físicos. El deseo femenino tiende a ser más contextual y cíclico, muy ligado al estado del sistema nervioso y al clima emocional de la relación: necesita calma, seguridad y conexión para activarse. No es que uno funcione bien y otro mal: son dos sistemas distintos.
¿El deseo desigual significa que mi pareja ya no me quiere? No necesariamente. El deseo desigual habla del sistema de deseo de cada persona y de la dinámica de la pareja, no del amor. De hecho, muchas parejas con deseo desigual se quieren profundamente: lo que falta no es amor, sino comprensión de cómo funciona el deseo de cada uno y herramientas para acercar posiciones.
¿Qué se puede hacer si en mi pareja hay deseo desigual? Lo más eficaz es salir del bucle de hablar del problema solo en el momento del rechazo. El trabajo terapéutico aborda la comprensión sin culpa, la atención a lo individual de cada persona, la reconexión emocional fuera del sexo, el replanteamiento del guion sexual y herramientas concretas de comunicación y reconexión corporal. Se puede empezar en pareja o de forma individual.
¿Hay que ir a terapia en pareja o se puede ir solo? Las dos opciones son válidas. Aunque el deseo desigual es una dinámica de pareja, muchas personas empiezan solas —para entender su propio deseo o su malestar— y la pareja se incorpora más adelante. El trabajo individual y el de pareja son compatibles y a menudo se complementan.
¿El deseo desigual se soluciona solo con el tiempo? Rara vez. Lo más habitual es que, si no se aborda, la brecha se agrande: la comunicación se deteriora, aumenta el resentimiento y lo que empezó como un desajuste sexual se convierte en un problema de pareja más amplio. Pedir ayuda a tiempo no es señal de crisis, sino de cuidado de la relación.
¿Tener mucho deseo también puede ser un problema? El deseo alto no es un problema en sí mismo, pero en algunos casos un deseo muy elevado puede funcionar como síntoma —por ejemplo, como vía de regulación de la ansiedad o de búsqueda de validación—. Lo relevante no es la cifra, sino cómo se vive y qué función cumple. Por eso en consulta se mira el deseo de ambos miembros, no solo el del que desea menos.





